El permiso de incapacidad por dolores de menstruación en las mujeres debería de ser ley en El Salvador, así como el permiso de incapacidad por gripe en los hombres.
No cariño, caballeros si habemos, llámame princeso todo lo que quieras pero si no me esfuerzo es porque no vales la pena y ya. Y no, unas pestañas postizas y cabello pintado no inspiran esfuerzo, vete a matricular a una escuela que te enseñe a ser mujer de verdad.
Mientras otros esperan la noche del fin de semana para salir a antros y bares, yo espero la noche del fin de semana para ver el núcleo de la vía láctea por el telescopio.
No voy a perder mi tiempo bañando a un puerco sabiendo que volverá a enlodarse, no voy a regresar con quien me faltó el respeto muchas veces, ni mucho menos con quien me fue infiel, siempre supe lo que hiciste a mis espaldas, pero como toda mujer, lo vas a negar hasta la tumba.
Te quería por la nostalgia, por los buenos momentos que pasamos juntos, porque me acostumbré tanto a ti y a una rutina que funcionaba contigo, porque estaba comprobado que podíamos funcionar, porque eras mi lugar seguro.
Me da tristeza ver en lo que te has convertido, y en lo que haces, no te respetas ni a ti misma, y mucho menos respetaras a tu pareja, parte de mi quería tomarte solo para salvarte de ti misma, pero quien soy yo para hacer eso, ya estás grandecita.
Como regla general, me importa poco cuántos hombres te tocaron antes que yo, siempre y cuando no sean muchos, pero si un solo hombre te toca después de mi, independientemente de las circunstancias, jamás volverá a ser lo mismo, talves te vuelva a tocar, pero jamás, te veré igual.
Nunca tuviste nada especial para mí, simplemente aprendí a conformarme a ti, eras mi “peor es nada” y que curioso que tú fueras la primera en llamarme así a mí al principio de la relación, si me hubiese llegado a casar contigo de verdad, sería porque me di por vencido en la vida.
Eres un capricho, un gusto culposo que no quería dejar ir, eres esa canción vieja que no me canso de escuchar, pero ya no te sientes igual, ya no me haces querer más, y cada vez que te escucho me hartas un poquito más, y me doy cuenta que en realidad no estás tan buena.
Siempre supe que no me convienes, y que no eres la mujer para mí, estás lejos de ser lo que busco y lo que quiero, ahora incluso más que antes, has cambiado mucho, y desafortunadamente para peor.
Pero no porque fueras lo mejor que me ha pasado, ni porque seas lo mejor que podría conseguir ahora, estás lejos de serlo, y al elegirte estaba ignorando muchísimas red flags que sabía que jamás me iban a dejar tranquilo.