Tattaglia® 🇲🇽🇪🇸@NoSoyBuenaOnda
En 1983, March Haynes, un niño de siete años, caminaba por el aeropuerto de Niza junto a su abuelo. De pronto lo vio, era Roger Moore. Pero para March no era Moore… era James Bond en carne y hueso.
Con el corazón acelerado, se acercó y pidió un autógrafo. Moore sonrió, preguntó su nombre y firmó el reverso del boleto de avión con afecto. March lo miró y se desilusionó: la firma decía “Roger Moore”, no “James Bond”.
El abuelo, cómplice de la inocencia, volvió con el actor y le explicó la confusión. Entonces Moore comprendió, se inclinó hacia el niño, levantó la ceja y susurró:
“Debo firmar como Roger Moore… si firmo como James Bond, Blofeld descubriría que estoy aquí.”
Le pidió que guardara el secreto, y March regresó a su asiento con la sensación de estar colaborando en una misión de 007.
Pasaron las décadas. March se convirtió en guionista y coincidió con Moore en una grabación de UNICEF. Durante una pausa, le contó la historia. Moore rió y dijo: “No lo recuerdo, pero me alegra que hayas conocido a James Bond.”
Al terminar, Moore lo detuvo en el pasillo, miró a ambos lados, levantó la ceja y murmuró:
“Por supuesto que recuerdo Niza. Pero no podía decirlo allí… uno de esos camarógrafos podría trabajar para Blofeld.”
March volvió a sentirse niño. La magia seguía intacta.