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El país que más invierte en inteligencia artificial del planeta acaba de sancionar una ley nacional para obligar a sus ciudades a abrir bibliotecas y volver a los libros de papel. China era el candidato perfecto para enterrar el papel: pone más de cien mil millones de dólares al año en inteligencia artificial y es de los que más la incluyen en los currículos educativos. Si algún país iba a declarar que el libro ya no hace falta, que para eso está la máquina, era este. Sin embargo, hizo exactamente lo contrario: en vez de mandar todo a la pantalla, está promoviendo el libro por ley. Desde el primero de febrero, rige una norma que obliga a cada gobierno local a poner dinero en bibliotecas, abrir espacios de lectura hasta en las zonas rurales y sostener una Semana Nacional de la Lectura. Desde ahora, es obligación del Estado. ¿Por qué un país que ya tiene la mejor tecnología se molesta en legislar la lectura? Porque separaron para qué sirve cada cosa. La inteligencia artificial te sirve para producir, competir, ir rápido: es la herramienta. El libro te entrena en lo que ninguna máquina te da: atención sostenida y criterio propio. Es la cabeza la que después decide qué hacer con esa herramienta. Como lo resume uno de sus investigadores: solo a través de la lectura se llega a un pensamiento profundo e independiente. El premier Li Qiang lo decretó dentro del mismo plan quinquenal donde está su apuesta de inteligencia artificial. Las dos cosas son estratégicas y van de la mano. Mientras tanto, Estados Unidos hace el camino inverso: batió su récord de libros sacados de las escuelas (casi veintitrés mil desde 2021) y sus chicos sacaron las peores notas de lectura en más de veinte años, con cuatro de cada diez de cuarto grado que no llegan ni al nivel básico. La inteligencia artificial la va a tener todo el mundo. La cabeza para saber qué hacer con ella, no. Usala para pensar CON vos y no POR vos.
























