
La idea de que los jueces no deben ser electos porque llegan incompetentes es por demás endeble. Se puede elegir entre competentes.
En realidad, se usa el argumento de la incompetencia para ocultar algo más profundo: un rechazo visceral al voto popular (por múltiples estigmas, algunos francamente clasistas).
Es una postura que no pueden ventilar en público porque en su límite lógico lleva, irremediablemente, a defender la aristocracia.
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