Fui al súper. Compré 4 pelotudeces y gasté un toco de guita. A la vuelta, paro en un kiosco del barrio. Me atiende un pibe que, por la edad, hubiera creído votante libertario. Pero, no; el chico se suelta y pide, como yo, que “se vayan estos hijos de puta”.
Y entonces, en la caminata, me pongo a pensar en la “Democracia” que inauguré cuando tenía su edad, votando a Raúl Ricardo que recitaba el Préambulo como si fuera música: “…para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo…”
Pasaron las 4 décadas de la mujer de la canción de Arjona. Y seguimos con una Democracia que no alimenta, no cura, ni educa. ¿Hasta cuándo vamos a esperar? ¿Cuándo vamos a tener las agallas de acabar con los garcas y los traidores?
¿Cuánto más vamos a esperar para agarrar del pelo a los hermanitos y al resto de la banda? “Paredón, paredón, a los traidores que vendieron la Nación”, cantábamos en la Universidad cuando yo tenía la edad del pibe del kiosco del barrio...
Sigo esperando, cada vez más convencido de que no hay que tener ni temor, ni piedad. Hay que hacer justicia. Y la única justicia sigue siendo la del pueblo.