Mn. Jaime Mercant Simó@JaimeMercant
Hay quienes me dirán rojo o comunista por este post, pero me importa un bledo. Las palabras de esta diputada (@teshsidi) me parecen sensatísimas y dejan a la derechuza como unos antipatriotas; su servilismo a los fondos buitre demuestra que su «prioridad nacional» es una filfa.
La especulación de la vivienda es un pecado de usura. Advierto que aquí no estoy empleando este término únicamente en sentido amplio, como lucro excesivo y desproporcionado, sino que, propiamente hablando, podemos decir que dicha especulación, especialmente por medio de los fondos buitre, supone un acto usurario; pese a que aquí no se trata ni de préstamos ni de intereses, de hecho, en su «ratio» fundamental, la especulación inmobiliaria tiene la misma dinámica de la usura, porque los especuladores, como los usureros, venden el tiempo, que sólo pertenece a Dios.
La especulación que realizan los fondos buitre —en su mayor parte extranjeros, por cierto— es una modalidad actual y evolucionada de usura. Estos fondos compran viviendas no para darles un uso, sino para manipular el mercado, aprovechándose de la necesidad vital de la gente. De hecho, no se ocupan de mejorar dicha propiedad y, frecuentemente, ni siquiera pagan los gastos comunitarios. Estos especuladores son «usureros activos», porque, con la antedicha manipulación, provocan una subida artificial del precio de las viviendas y de los alquileres, que no sólo son «abusivos», sino que son «imposibles» de pagar.
Los fondos buitre convierten las viviendas en simples «activos financieros», y la hostilidad y agresividad hacia el ciudadano es tal que llegan a veces a comprar barrios enteros. El especulador inmobiliario cobra, como el usurero, por el tiempo, y termina siendo un extorsionador, porque, cuando hay necesidad, angustia vital y precariedad familiar, no hay verdadera libertad por parte de quien quiere alquilar o comprar.
La propiedad privada debe respetarse por derecho natural, cierto, pero recuerdo que el origen de la «divisio rerum» se encuentra en el derecho de gentes. Por lo tanto, la propiedad privada no tiene un carácter absoluto, sino que ella debe estar ordenada al bien común, el cual se ve vulnerado por la susodicha especulación usuraria y por la acumulación masiva de unas viviendas que deberían estar destinadas a ser hogares y dejar de ser activos financieros y armas de chantaje y extorsión.
No seré yo quien defienda la «okupación». Ahora bien, creo que, por derecho natural, la autoridad de la república debería legislar de tal manera que dichas viviendas vacías de estos fondos fueran expropiadas y concedidas a las familias más necesitadas, siempre de un modo ordenado y justo. Sí, han leído bien: he dicho «expropiación», para escándalo de los hipócritas y enemigos de la justicia social.