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La llegada del solsticio de verano provoca uno de los fenómenos solares más curiosos de Canarias y se produce justo en el yacimiento arqueológico de la Fortaleza de Ansite, en el municipio de Santa Lucía de Tirajana (Gran Canaria).
En los pocos minutos que se produce lel ocaso solar, un rayo se hace paso a través del tubo volcánico natural que atraviesa la montaña, haciendo visible un haz de luz que recorre durante unos minutos la ladera de la montaña adyacente.
Este fenómeno luminoso, fruto de las casualidades de la naturaleza y que los antiguos habitantes de la zona también observarían, viene a recordarnos que los antiguos indígenas canarios miraban con atención el movimiento del sol y los ciclos de la naturaleza, integrándolos en su forma de entender el mundo, usando estos fenómenos, entre otras cosas, para marcar el paso entre las estaciones.
La Fortaleza de Ansite es uno de los mejores ejemplos de poblado fortificado de la antigua sociedad indígena de Gran Canaria; un conjunto de cuevas en un peñasco abrupto que se levanta en pleno barranco de Tirajana. Su lado oriental presenta un importante número de cuevas naturales acondicionadas y otras labradas artificialmente en donde se observan infinidad de usos: cuevas vivienda, almacenes de alimento y espacios para enterramientos.
Según las crónicas este enclave fue testigo y protagonista de la mayor resistencia de los indígenas canarios durante la invasión y conquista Castellana de la Isla en el siglo XV.
En esta época en Gran Canaria tan sólo quedaban unas pocas fortificaciones para proteger la isla de los conquistadores castellanos; una de ellas fue La Fortaleza de Ansite.
El conjunto arqueológico ha sido declarado como Bien de Interés Cultural y está formado por tres roques: La Fortaleza Grande, La Fortaleza Chica y Titana. Destaca La Fortaleza Grande, que está organizada en diferentes niveles comunicados entre sí por pasos y caminos, como el original túnel que atraviesa el roque que comunica las dos laderas del poblado, que es justo por donde los rayos de sol del solsticio de verano atraviesan haciendo visible el fenómeno.
Allí donde los últimos isleños resistieron el asedio de las tropas castellanas durante la conquista se hace visible este curioso fenómeno que habla de la profunda conexión que tenían los antiguos canarios con el paisaje, el territorio y el cielo.
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