
En antropología hay algo demostrado que nuestro tiempo parece que ha olvidado: casi todas las culturas entienden la masculinidad como deber moral, no como privilegio. Ser hombre es servir, sostener y proteger. La masculinidad tradicional no nace del dominio; lo hace desde el sacrificio. Y ese ideal del “buen hombre” -dar más de lo que se toma- se repite en continentes distintos. Quizá la crisis contemporánea no sea de masculinidad, sino más bien de memoria antropológica…



























