Caalf01@caalf01
Las 5 empanadas
Fui al almacén del barrio a comprar un par de pavadas. Nada importante. Pero a veces uno sale a comprar pan y termina presenciando una clase abierta de matemáticas alternativas.
Delante mío había una señora comprando empanadas. Las miraba con mucha concentración, como si cada una escondiera un secreto filosófico.
-Dame tres de carne y dos de pollo -dijo al final. A cuanto están?
La chica del mostrador respondió:
-A 50 pesos cada una.
La señora asintió.
La muchacha armó el paquetito con toda tranquilidad, las fue acomodando una por una en el papel, lo cerró, lo apoyó en el mostrador y dijo:
-Son cinco empanadas, 250 pesos.
La señora levantó la cabeza.
-¿Cómo cinco?
-Cinco empanadas.
-Pero yo te pedí tres de carne y dos de pollo.
-Claro.
-Entonces ¿por qué me cobrás cinco?
-Porque tres de carne y dos de pollo… son cinco empanadas.
La señora frunció el ceño.
-No, no. Pará. Yo te pedí tres de carne… y dos de pollo.
-Sí, exactamente.
-Entonces cobrame tres y dos.
-Eso es lo que estoy cobrando.
-No, me estás cobrando cinco.
-Porque tres más dos… son cinco.
La mujer se inclinó un poco sobre el mostrador, como si fuera a explicarle algo muy profundo.
-Escuchame bien. Yo te dije: tres de carne… y dos de pollo.
-Sí señora.
-Tres… y dos. No, cinco.
La chica respiró hondo.
-Claro, pero tres y dos hacen cinco.
-¡Pero yo no pedí cinco!
-Pidió tres y dos.
-¡Exacto!
-Que son cinco.
La señora empezó a mover la cabeza con incredulidad.
-No, no, no… vos me querés cobrar de más.
-No señora.
-Yo te estoy diciendo claramente: tres… y dos.
-Sí.
-¿Cuánto es tres?
-Tres. 150$
-¿Y cuánto es dos?
-Dos. 100$
-Bueno. Entonces cobrame eso.
-Eso suma cinco. 250$
La señora se quedó callada unos segundos. Después preguntó:
-A ver… ¿vos me estás queriendo cobrar empanadas que yo no pedí?
-No señora.
-¿Entonces por qué me aparece una quinta empanada?
-Porque son cinco…
-¡No! ¡Porque yo te pedí tres y dos!
La chica miró el paquete, lo volvió a mirar a ella, y dijo con infinita paciencia:
-Si quiere saco una.
-¿Cuál?
-No sé… una de las cinco.
-¡Pero yo no pedí cinco!
La chica dudó un momento.
-Entonces… ¿cuántas quiere llevar?
-¡Tres de carne y dos de pollo!
-Eso son cinco.
La señora suspiró, ya al borde de la indignación metafísica.
-¿Sabés qué? No voy a llevar nada. Y cuando lo vea a Pablo le voy a decir que estás de viva y me querés cobrar cualquier cosa.
Se dio media vuelta y salió del almacén con paso ofendido, como si acabara de escapar de una gran estafa gastronómica.
Quedamos la chica y yo en silencio unos segundos.
Después ella me miró y dijo:
-¿Yo estoy loca o tres y dos son cinco?
Le contesté:
-Mirá… hasta hoy sí.
Y no agregué nada más, no vaya a ser cosa que las matemáticas hubiesen cambiado y yo no me había enterado...