
Alan Daitch
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Alan Daitch
@AlanDaitch
🤖Explico sobre IA y Tech sin humo. 🚀Fundé, crecí y vendí Digodat. Ex Google Top Contributor. NO VENDO CURSOS, TODO GRATIS.👇 Más info 👇
Ciudad Autónoma de Buenos Aire Katılım Mayıs 2013
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@grok @10000Qubits Dale Grok respóndele sobre su planteo no seas vago 😂
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El padrino de la ciencia de la computación dijo hace 3 años que la IA era un fraude elegante y esta semana acaba de admitir que una le resolvió en una hora lo que él no pudo en semanas.
Donald Knuth tiene 88 años, es ganador del premio Turing (como el Nobel pero de matemáticas) e inventó el sistema con el que se escriben todos los papers científicos del mundo.
Hace tres años, Donald probó ChatGPT y dijo que la IA generativa era solamente "el arte de fingir" respuestas falsas.
Pero esta semana, se le ocurrió preguntarle a Claude, la IA de Anthropic, un problema que lo venía volviendo loco, que dice más o menos así: imaginate un cubo tridimensional, como un Rubik. Cada puntito está conectado con otros tres. El desafío es encontrar tres rutas que pasen por absolutamente todos los puntos exactamente una vez, sin repetir ningún camino, y que entre las tres cubran todas las conexiones posibles. Suena simple, pero la cantidad de combinaciones posibles crece de forma tan monstruosa que ni las computadoras más potentes pueden probarlas todas. Knuth había resuelto el caso más chiquito, el cubo de 3×3×3, pero no el caso general.
Claude, en solamente una hora, realizó 31 intentos. Hizo lo que haría un doctorando obsesivo: probó funciones simples: no funcionaron. Probó fuerza bruta: le pareció demasiado lento. Descubrió un patrón serpentino en dos dimensiones, intentó extenderlo a tres y se trabó. Usó algoritmos de optimización, encontró soluciones individuales pero ninguna regla general. En un momento se "dijo" a sí mismo que necesitaba matemática pura: eso es una reformulación de hipótesis, 100% método científico. La exploración 30 detectó un patrón en una solución anterior y la 31 produjo finalmente una regla elegante que funciona para todos los impares.
La reacción de Knuth es lo mejor de todo. Dijo que le da alegría descubrir que su conjetura tiene una solución y que celebra "este avance dramático en deducción automática y resolución creativa de problemas". Calificó al plan de Claude como "bastante admirable". Y cerró diciendo: "parece que voy a tener que revisar mis opiniones sobre la IA generativa uno de estos días."
La mitad del problema sigue sin resolverse porque la IA se rompió intentando los números pares y Donald, el humano, fue el que tuvo que escribir la demostración rigurosa. Así que no: la IA no nos reemplazó aún del todo, pero tampoco podemos seguir fingiendo que acá no está pasando nada. Cada día que pasa, la IA sigue demostrando resolver algo que hasta ayer parecía imposible.

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Esta actualización es fantástica y posiciona a Google por lejos como la mejor solución gratis para crear sitios web con IA.
Que arme directamente las bases de datos y permita tan fácilmente conectar servicios externos elimina la fricción más grande que todavía había en estás soluciones.
Me saco el sombrero, excelente trabajo 👏👏👏
Google AI Studio@GoogleAIStudio
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Si pudiera volver en el tiempo y decirme una sola cosa antes de emprender, no sería "ahorrá más plata", "hacé más contactos" ni "leé este libro". Sino: andá a hablar con alguien que ya lo hizo.
Porque yo caí en todas las trampas tontas, TODAS. Las que cualquier emprendedor con dos años de experiencia me hubiera dicho "no hagas eso, boludo" en cinco minutos.
Pero yo no pregunté. ¿Sabés por qué? Porque sentía que estaba avivando giles; que si le contaba mi idea a alguien me la iba a robar, o me iba a decir que era una idiotez. Pero resulta que la gente que ya emprendió no tiene ningún interés en robarte nada. Lo único que quieren es que no la pases tan mal como la pasaron ellos, y lo van a hacer gratis de la misma manera que tanta otra gente los ayudó a arrancar a ellos.
Esa conversación te ahorra millones. La opinión de alguien que emprendió vale más que la de cien personas que te quieren pero nunca arriesgaron nada. Buscá a esa persona, invitala a un café y escuchá.

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@AlanDaitch Kjjjj los 2 primeros parrafos nomas ya lei 3 mentiras y chamuyos.
Deja. Demostraste que la redactar con la IA es pésimo si no sabes usarla kjjj
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Algo que muy poca gente sabe es que la Inteligencia Artificial es solo matemática. Pero, ¿cómo puede la matemática entender una foto o completarte una frase?
El truco es que la IA no ve ni lee como nosotros. Lo que hace es convertir todo —imágenes, palabras, sonidos— en números. Y después hace las cuentas.
Pensá en una foto. Para una IA, una imagen es una grilla gigante de números. Cada píxel tiene tres valores: rojo, verde y azul. Y esos tres combinados forman cualquier color que puedas ver. La IA analiza millones de estos números buscando patrones matemáticos: patrones que definen qué es un perro, qué es un rostro, qué es una montaña.
¿Y con el lenguaje? En modelos como ChatGPT, cada palabra se convierte en un número llamado token. Y acá todo se vuelve surrealista. Ese token después se mapea a algo llamado embedding: una lista larga de números que captura lo que la palabra realmente significa, qué tan parecida es a otras palabras y en qué contexto se usa.
Y esto funciona tan bien que si tomás los números de "rey", le restás "hombre" y le sumás "mujer"… te da "reina". La matemática descubrió sola las relaciones de género en el lenguaje.
El modelo usa esas listas de números para predecir la siguiente palabra. Eso es todo lo que hace ChatGPT: predecir, de a una palabra a la vez.
Y la misma lógica aplica a las recomendaciones de series, a tu feed de redes sociales, a las playlists que te arma Spotify… Tu comportamiento se convierte en números, y la matemática encuentra patrones para predecir qué vas a querer después.
La IA es la máquina de reconocimiento de patrones más sofisticada que se haya construido jamás.

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@JamusMcKenna @felixrieseberg thanks! not here yet but i'll wait for it
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@jotapatricio_ mmm quizás si le das a abrir enlace en otro navegador?
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Una empresa de inodoros subió 40% en bolsa este año gracias a la inteligencia artificial.
Como casi todas las historias locas, esta es japonesa. En 1903, Kazuchika Okura viajó a Europa con su padre y se quedó impactado con algo que en su país no existía: baños de cerámica blanca con agua corriente. En ese momento, Japón todavía usaba letrinas de madera sin cloacas.
Okura volvió convencido de que necesitaban eso, pero cuando lo propuso en la empresa de cerámica que presidía, los otros directivos lo rechazaron diciendo que no había demanda ni infraestructura. Entonces, Okura y su padre invirtieron su dinero para abrir su propio laboratorio. Después de más de 17.000 pruebas de mezclas y esmaltes, en 1914 lograron fabricar el primer inodoro japonés con descarga de agua.
Fundaron Toto y, durante las siguientes décadas, se obsesionaron con una sola cosa: perfeccionar el proceso de cocinar cerámica a temperaturas extremas hasta lograr piezas sin un solo poro ni una sola impureza. En los años 70, esa obsesión los llevó a experimentar con cerámicas avanzadas que resultaron más resistentes que el metal, capaces de soportar temperaturas extremas y completamente inertes a la electricidad.
Mientras tanto, la industria de semiconductores tenía un problema que no podía resolver: sostener obleas de silicio durante la fabricación de chips sin contaminarlas, a temperaturas bajo cero. La respuesta estaba en el último lugar donde alguien buscaría: una fábrica de inodoros. En 1988, Toto empezó a producir chucks electrostáticos: piezas cerámicas que sostienen las obleas con fuerza electrostática pura. Hoy, estos componentes son esenciales para fabricar los chips de memoria que alimentan los data centers de IA.
La expertise que desarrollaron haciendo que tu inodoro funcione es la misma que hoy sostiene los chips detrás de ChatGPT. La suerte los encontró trabajando: Setenta años perfeccionando algo que a nadie le importaba terminó siendo exactamente lo que la industria más importante del siglo necesitaba.

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El dinero no compra la felicidad. Qué linda frase, ¿no? Pero, ¿es así realmente? ¿Qué dice la ciencia?
En el 2010, dos premios Nobel nos regalaron el dato perfecto: pasados los 75 mil dólares anuales, ganar más no mueve la aguja de tu felicidad. Durante más de una década nadie lo cuestionó seriamente, porque es un dato poético e hiper espiritual que nos dice: “no hace falta ser millonario, con esa cantidad alcanza”. Esto se ha citado en charlas TED, en libros de autoayuda y en podcasts.
Hasta que a un investigador llamado Killingsworth se le ocurrió revisar los datos y encontró tres problemas bastante básicos. Primero: los rangos de ingreso eran burdísimos. Todo lo que estaba arriba de 120 mil dólares iba a un solo grupo, como si un gerente de una pyme y Donald Trump fueran lo mismo. Segundo: la felicidad se medía con una pregunta binaria: bien o mal. Es como que un médico te pregunte "¿estás sano?" y tus únicas opciones sean sí o no. Tercero: le preguntaban a la gente cómo recordaba haberse sentido, en lugar de cómo se sentía en el momento. Esto es un error, ya que está estudiado que nuestra memoria para estas cosas es pésima.
Entonces, creó una app que te interrumpía al azar durante el día y te preguntaba: “¿Cómo te sentís ahora mismo?”. Con más de un millón de respuestas, descubrió que la famosa meseta de los 75 mil dólares jamás había existido.
Tener más dinero sí correlaciona con más felicidad. Comparó por primera vez gente de clase media con ultra ricos —millonarios reales del Forbes 400— y comprobó que la diferencia de felicidad no se achicaba a medida que subías, sino que se agrandaba. La brecha entre un millonario y alguien de clase media era casi tres veces mayor que entre clase media y alguien pobre. Si la curva tenía techo, nadie lo ha encontrado aún.
Repetimos durante 13 años un estudio solo porque la conclusión era cómoda. Y eso pasa con todo: con la nutrición, la educación, la política y la tecnología. Cada vez que un dato te confirma algo que ya querías creer, es exactamente el momento en que más lo tenés que cuestionar. Claramente la felicidad no depende solamente del dinero, sino también de las relaciones humanas, el propósito y tantas otras cosas. Pero, al final, esa famosa canción tenía un punto: el dinero no es todo… ¡pero cómo ayuda!

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