Michelle Fuller... retweetledi

Las chicharras no son una plaga. Son el último capítulo de una vida silenciosa.
Pasan años bajo tierra alimentándose de las raíces. Luego emergen, mudan su piel, cantan para encontrar pareja y, unas semanas después, mueren.
Ese ruido que muchos quieren callar es, en realidad, una de las historias más antiguas de la Tierra.
No pican. No transmiten enfermedades. Apenas dañan las plantas. Sus túneles incluso ayudan a airear el suelo.
A veces confundimos el estruendo con una molestia, cuando en realidad estamos escuchando un ritual que lleva millones de años repitiéndose.
Déjalas cantar.

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