Miguel Angel Loor@miguelloor
Este año elevamos la exigencia del control económico. Lo que debía cambiar también era la sanción: propusimos, junto con varios clubes, la resta de puntos para quienes no cumplan con sus pagos mensuales.
Pero la mayoría no lo aprobó.
Y ahí está el punto.
Porque después muchos se preguntan por qué el control económico “golpea” lentamente a los clubes. La realidad es más simple y más dura: el control económico no destruye clubes… los destruyen los dirigentes ineficientes.
Si un dirigente no corrige, no ordena su gestión deportiva y administrativa, el desenlace es inevitable. No es inmediato, pero es progresivo: te va sacando del sistema hasta que desapareces.
Así de claro.
Voy a hablar con ejemplos:
• Barcelona SC ha tenido problemas, pero su capacidad de generar ingresos —y a veces lo deportivo— lo ha terminado sosteniendo, ¿hasta cuando? dependerá de sus administradores.
• Emelec ha estado al borde del precipicio, pero ha tenido momentos de reacción dirigencial y parece que va a salvar.
• El Nacional, en cambio, no encuentra todavía ese punto de quiebre… y las consecuencias pueden ser terribles.
El control económico no te “mata” de un día para otro (así lo diseñamos, sino nos quedábamos sin equipos en el 2018). Pero si haces las cosas mal, te termina sacando del juego.
Es una herramienta de salvación… o de destrucción. Depende de quién esté al mando.
Hoy más del 50% del fútbol ecuatoriano está compuesto por clubes con estructuras más ordenadas, y que CUMPLEN con Control Económico. Muchos bajo esquemas de administración privada o similares:
IDV, Orense, Mushuc Runa, Guayaquil City, Libertad, Manta, Leones FC, Universidad Católica, Vinotinto, Atlético FC, San Antonio, IDV Juniors, Cuenca Juniors, 9 de Octubre, Vargas Torres…
y Delfín, que está en transición hacia un modelo también profesional.
En estos clubes, los problemas económicos cada vez son menos o inexistentes.
¿Por qué?
Porque hay gestión. Porque hay disciplina. Porque no gastan lo que no tienen. O porque hay un responsable privado que responde.
Luego están los clubes tradicionales:
• LDU, con dirigencia seria, generación de ingresos y camino hacia estabilidad.
• Deportivo Cuenca y Macará, que han mejorado notablemente.
• Técnico Universitario y Aucas, que suelen resolver sus situaciones.
• Liga de Portoviejo, que vuelve y debe consolidar su proceso con responsabilidad; su dirigencia transmite seriedad.
De ahí hay casos como:
• Cumbayá, que tras su intervención encontró orden.
• Gualaceo, que con liderazgo serio suele salir adelante.
• 22 de Julio, que esperemos esté ordenado este año.
Aquí el mensaje es uno solo: generar más de lo que se gasta.
Mientras tanto, LigaPro ha hecho su parte:
• Incremento de derechos audiovisuales para 2026
• Pagos al día, sin retrasos
• Asunción del pago de honorarios arbitrales (no viáticos)
• Gestión de insumos técnicos
• Ayuda con descuentos en costos logísticos
Más herramientas, más ingresos, más apoyo.
Pero la administración… sigue siendo responsabilidad de cada club.
Y hay algo más que hay que decir, aunque incomode.
También existen malas prácticas que complican todo:
clubes que no transparentan información, jugadores que firman anexos que no se registran, acuerdos paralelos en contubernio entre dirigentes, empresarios y futbolistas.
Eso no debería pasar si hubiera responsabilidad real.
Y sí, eso nos hace el trabajo más difícil.
Pero poco a poco se va detectando, se va corrigiendo… y se va acabando.
Por eso hay que decirlo sin rodeos:
Muchos clubes desaparecieron por no respetar el control económico.
Y otros desaparecerán por la misma razón.
No porque el sistema sea malo.
Sino porque algunos dirigentes siguen haciendo mal las cosas.
Hoy hay más clubes bien administrados que antes.
El problema es que hacen más ruido los grandes cuando tienen crisis.
Pero la regla es clara:
o te ordenas… o te vas.