Chris Redfield
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¿Perdona? He dicho que lo puedo hacer sola. Quédate en tu despacho.

Vamos, entonces. —La mujer se levanta y camina junto a él hacia un pequeño bloque de apartamentos cercanos al lugar. Abre la puerta de su apartamento y deja las cosas sobre una mesa.— Hogar, dulce hogar. ¿Qué te apetece tomar, capitán?

No sabía que llegarías a ser tan presumido, Chris.

— Entre gemidos entrecortados, suelta gritos cuando empieza a embestir y dar en sus puntos de placer, su voz ronca y rota por el placer mientras su cuerpo se sacude violentamente. Sus paredes internas se contraen con fuerza alrededor de su polla gruesa, — +

Si el cabezota eres tú, Redfield. No me voy a enfermería y es mi última palabra.

— Suelta un gemido largo y tembloroso cuando lo siente abrirse paso tan lento dentro de su coño, estirándola poco a poco. Está tan húmeda que facilita la entrada, pero aún así lo nota enorme, caliente y palpitante. Sus paredes internas lo aprietan con fuerza, +



Somos dos… — No podía pensar en ningún tipo de placer con su proceso de recuperación, ni tampoco en salir con alguien cuando todos los síntomas estaban latentes pero lo principal era que solo pensaba en él y en el momento que habían vivido anteriormente. Siente su polla contra+

Siempre. Ven y te lo limpio, de paso me actualizas.

Chris, por favor. Que no hace falta.

