
Un gobierno que deja botados proyectos como el GAM y la ciclovía de Alameda no es austero ni eficiente. Abandonar obras es propio de estados poco confiables donde los compromisos no se cumplen. A Chile lo ha hecho respetable lo contrario y lo están dilapidando. En esos proyectos ya se invirtieron miles de millones de pesos que se botarán a la basura. Cuando se quiera retomar esas iniciativas, habrá que pagar otra vez esos recursos. Mientras tanto, la Alameda vuelve a quedar a su suerte. Si cada gobierno revierte lo hecho por el anterior, Chile no avanza.




















