
Amos Andaa
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Amos Andaa
@AmosAndaa
Defensora de causas PERDIDAS. Me río de casi todo, por supervivencia 🤷🏻♀️ RT/❤️/no response ≠ (always) endorsement


Ya no estoy para vaniloquios.







El rover Curiosity de la NASA ha revelado cómo se ve el cielo nocturno en Marte, que está a 225 millones de kilómetros de distancia.



Tenía cuarenta años, estaba enferma, dependía de la morfina y vivía prácticamente confinada en una habitación, mientras a su alrededor casi todos asumían que su vida ya estaba decidida, porque Elizabeth Barrett Browning no solo luchaba contra un cuerpo debilitado, sino contra una autoridad mucho más asfixiante, la de un padre que había decretado que ninguno de sus hijos podía casarse, como si el amor fuera una amenaza que debía ser prohibida. Su mundo se reducía a Wimpole Street, a un sofá, a la escritura y a una vigilancia constante que no le permitía imaginar una vida propia, y sin embargo, en medio de ese encierro, ocurrió algo tan simple como poderoso, recibió una carta de Robert Browning, un hombre que no la vio como una inválida ni como una hija sometida, sino como una mente brillante, viva, capaz de sentir y de decidir, y ese gesto, aparentemente pequeño, abrió una grieta en una vida que parecía completamente sellada. Durante meses intercambiaron cartas que no solo eran palabras, sino un espacio de libertad donde Elizabeth podía ser ella misma sin restricciones, hasta que finalmente se encontraron y él le propuso algo que, para cualquiera en su situación, parecía imposible, casarse, abandonar esa casa, romper con todo lo establecido, una idea que chocaba no solo con la voluntad de su padre, sino con la imagen que ella misma había construido sobre su fragilidad. Aun así, el 12 de septiembre de 1846, caminó hasta una iglesia, se casó en secreto y regresó a casa como si nada hubiera ocurrido, manteniendo durante días una normalidad que ocultaba una decisión irreversible, hasta que una noche, en silencio, dejó atrás esa vida, tomó lo esencial y se marchó con Robert hacia un futuro completamente incierto, sabiendo que con ese paso perdería a su familia, su seguridad y cualquier posibilidad de reconciliación. Lo que encontró en Florencia no fue solo amor, sino algo mucho más profundo, libertad, y con ella llegó una transformación que nadie había previsto, su salud mejoró, su energía volvió, comenzó a vivir, a caminar, a escribir con una intensidad nueva, demostrando que aquello que durante años había sido interpretado como debilidad también había sido, en gran parte, el resultado de un entorno que la mantenía limitada. Lejos de la casa que la contenía, construyó una vida que desafiaba todos los pronósticos, tuvo un hijo cuando muchos la daban por incapaz, escribió algunas de las obras más importantes de la poesía inglesa y se posicionó en temas sociales con una voz firme, como si al recuperar su libertad también hubiera recuperado todo lo que llevaba dentro desde hacía años. Murió en 1861, en brazos de Robert, después de haber vivido mucho más de lo que nadie esperaba, dejando tras de sí no solo una obra literaria, sino una historia que va más allá de la poesía, una historia sobre lo que ocurre cuando alguien decide romper con la idea de que no puede. Porque a veces no estamos rotos… solo estamos viviendo en un lugar que nos hace creer que lo estamos.



¿Se puede evitar la muerte? Ayer murió una paciente de 17 años por una apendicitis complicada. Sí, por una apendicitis. Una adolescente que durante aproximadamente 10 días recorrió cuatro centros de salud. Llegaba con dolor abdominal, distensión, secreción vaginal amarillenta y fétida. Era sexualmente activa, y probablemente en algún momento fue enfocada como un caso ginecológico. Pero era abdomen agudo. Cuando llegó a nuestro centro, llegó en shock. Se le realizaron analíticas, pero antes de tener resultados completos, su condición colapsó. Fue llevada a UCI, estabilizada y trasladada a quirófano. En cirugía se encontraron aproximadamente 3,000 cc de pus en cavidad abdominal. Una apendicitis perforada. Sepsis instaurada. Dos días después, falleció. Y aquí es donde me golpea la realidad. Yo creo que la muerte, como destino final, es inevitable. Nacemos y algún día morimos. Pero lo que sí creo es que algunas causas de muerte pueden evitarse. Una apendicitis no debería matar a una paciente de 17 años. Dolor abdominal, fiebre, náuseas, vómitos, diarrea en una adolescente previamente sana. Ese diagnóstico no es complejo. No requiere ser cirujano. Requiere sospecha clínica. La apendicitis la operamos los quirúrgicos. Pero la deben diagnosticar todos los clínicos. Esta paciente buscó ayuda. Sus familiares buscaron ayuda. Fue despachada una y otra vez. Llegó sin referimiento. Llegó cuando ya la sepsis estaba instaurada. Y sí, quizás su muerte era inevitable en ese mismo día. Pero no tenía que ser por una apendicitis. Eso es lo que duele. Eso es lo que me choca. Eso es lo que no debería pasar. Porque cuando el diagnóstico se retrasa, no es solo un error. Es una oportunidad perdida de salvar una vida.


🔵Artemis II llega a la cara oculta de la Luna La misión realiza un recorrido completo entre la Tierra y la Luna, sin aterrizar, para probar tecnologías y ubicar una futura base #Mañaneros6A rtve.es/directo/la-1



