Hablando de La Odisea, uno de sus pasajes más tristes y hermosos quedó inmortalizado en Ulises y Argos, de Briton Rivière. En el canto XVII, Ulises vuelve a su palacio tras veinte años de ausencia, envejecido y disfrazado. Nadie lo reconoce, salvo Argos, su perro, postrado por la vejez y el abandono. Al percibir su olor, levanta las orejas y mueve la cola. Ulises contiene las lágrimas y pasa de largo. Después de ver a su amo por última vez, Argos muere, al fin, en paz🥹❤️🩹