Hatuey Saavedra

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@Atuey4

El amor y el odio sirven para reprimir otras emociones. ¿Si no puedes morirte, para qué amar?

Katılım Ocak 2021
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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
Propongo la creación de una plataforma cívica que reúna a todos aquellos que consideren necesario prepararse para la organización y ejecución de los siguientes puntos: • Asfixia económica total. • Resistencia interna organizada. • Presión internacional efectiva.
#Cuba#CubaDespierta
Plataforma Cívica #XLaLibertad
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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
El feminismo es una moneda de dos caras: una cara y la otra es el machismo. Son movimientos ideológicos extremos, y cada uno aboga por la supremacía sobre el otro. Este tema se resuelve con la igualdad ante la ley. Fin de la polémica. “No somos iguales, pero ante la ley sí deberíamos serlo.”
Hombre Imparable@Hombrelmparable

Que es el feminismo para ti...

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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
Y le repito: no leyó lo que escribí en el post #1, porque si lo leyera entendería el asunto de fondo. En ningún caso se trata de opiniones; es un asunto legislativo. Hablo de una ley que no es correcta y resulta ambigua, cuyo resultado es la socialización de la muerte. ¿Usted no detendría a alguien que quisiera suicidarse? ¿cómo alguien con problemas mentales, drogas y que ya intentó suicidarse necesita al Estado para ‘conseguir su objetivo’? (• Antecedentes psiquiátricos reales: Sí, desde los 13 años tenía trastorno límite de la personalidad (TLP), TOC, depresión mayor y consumo de estupefacientes. Eso no se discute.)
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Mar@MRuizIturralde·
@Atuey4 @AntonioRNaranjo Por eso yo OPINO, que estq chica estaba es su derecho de pedir la eutanasia y cumplía los requisitos para empezar un proceso que es largo. OPINO que nadie debería tener derecho a interponer una demanda en contra. Para eso está el tribunal médico. RESPETO su decisión
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Antonio Naranjo
Antonio Naranjo@AntonioRNaranjo·
Noelia no tenía nada que anunciara su inminente muerte, pero lo único que el Estado le ha ofrecido es un pinchazo, apelando a su decisión personal, como si ésta no estuviera condicionada por factores que una sociedad decente debe intentar revertir. #utm_source=rrss-comp&utm_medium=tw&utm_campaign=fixed-btn" target="_blank" rel="nofollow noopener">eldebate.com/opinion/202603…
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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
R con R. Ni yo ni usted quitamos ni damos derechos: ni a opinar ni a demandar. Ya sé que a muchos cuya conciencia totalitaria se les sale por los poros, esos detalles morales —de igualdad ante la ley y derechos de propiedad— se la sudan. A pesar de ello, por el momento la verdad está en los detalles, y por suerte suele defenderse sola. La ley de eutanasia española socialista la muerde porque es poco pragmática y ambigua. Esto no es una opinión, es un hecho. Ya pasó con la ley del “sí es sí”, y ahora pasa con esta.
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Mar@MRuizIturralde·
@Atuey4 @AntonioRNaranjo Un padre que ha estado presente y ejercido como tal puede opinar pero no imponer. Este padre perdió el derecho a opinar, si. Pero es que lo ha hecho este padre no es opinar. Este padre ha intentado imponer su voluntad
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Mar@MRuizIturralde·
@Atuey4 @AntonioRNaranjo Es que no se qué hay que rectificar. A los 25 años quiere empezar a ejercer de padre? Pues ya es tarde.
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Mar@MRuizIturralde·
@Atuey4 @AntonioRNaranjo En cuanto al derecho a opinar. No lo tiene. Si no ha estado en su vida ha perdido el derecho a opinar sobre esto
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Mar@MRuizIturralde·
@Atuey4 @AntonioRNaranjo Te he respondido. Igual no lo has querido entender. Un padre que ha estado ausente toda si vida ahora ya no tiene ningún derecho. Independientemente de la relación que hayan tenido los padres solo pueden asumir la voluntad de su hija. Es una adulta
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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
Sigue usted sin leer lo que escribí en el post que dio lugar a su comentario. Si no, no se entiende que siga repitiendo el argumento contra el padre (al cual yo ni critico ni defiendo) y no responda a mi pregunta pertinente: ¿tiene un ser humano derecho a rectificar? Y más si se trata de la vida de su hija.
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Mar@MRuizIturralde·
@Atuey4 @AntonioRNaranjo Después de 25 años? Para qué quieres que siga viva si sigue sin hacerle caso? Igual se siente culpable? Pues ella no tiene que seguir sufriendo dolores insoportables para que el no se sienta culpable por la muerte de su hija
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Mar@MRuizIturralde·
@Atuey4 @AntonioRNaranjo No tengo costumbre de contestar a las cosas que no leo. Partiendo de la base de que estoy de acuerdo con la eutanasia si alguien de mi familia mayor de edad tiene dolores intensos que le impiden tener una vida digna y quiere eutanasia respeto y asumo.
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Mar@MRuizIturralde·
@Atuey4 @AntonioRNaranjo Además, de qué padre hablas? De ese que no ha estado presente en la vida de esta chica? De ese padre que no mantiene contacto con ella? Ese no tiene derecho a nada
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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
De los creadores de solo si es si, llega: “La socialización de la muerte.” ¡Qué curioso resulta este circo moderno! Cuando ves a alguien a punto de tirarse de un puente o de un quinto piso, la reacción normal de cualquier persona decente (y de bomberos, policías y hasta el vecino del quinto) es intentar impedirlo por todos los medios. Se monta un dispositivo, se arriesgan vidas ajenas y se gasta dinero público para que el pobre diablo no se mate. Es lo lógico. Pero ay, cuando la misma persona, después de no conseguirlo y quedarse hecha un Cristo, pide la eutanasia… entonces aparece el coro de ángeles progresistas defendiendo a muerte su “derecho a morir dignamente” y mirando por encima del hombro a quien dice “espera un momento”. Curioso, ¿verdad? Casi diría que es humor británico negro: salvamos al suicida cuando actúa solo, pero le ponemos alfombra roja y personal sanitario cuando decide que el Estado le haga el trabajo limpio. En el caso de Noelia: sufrió una violación terrible, no pudo superarlo, saltó desde un edificio y acabó con paraplejia, dolores crónicos y una dependencia importante. Conservaba movilidad en los brazos y cierta capacidad de movimiento con ayuda, pero arrastraba graves problemas psicológicos y psiquiátricos (eso no es opinión, es hecho). Aun así, tuvo la determinación suficiente para montar un proceso legal de casi dos años y conseguir que otros la mataran de forma legal, indolora y financiada por todos. Ahí está la clave de mi incomodidad. Yo defiendo que de la piel hacia adentro mandas tú. Tu vida es tuya y solo tuya. Si quieres quitártela, adelante, es tu decisión. Pero cuando ya no puedes hacerlo tú solo porque estás muy dependiente, y lo has pedido claramente o lo dejaste por escrito, entonces sí: en ese caso extremo es deber de otros ayudarte a cumplir tu voluntad. Punto. Lo que no me convence es convertir eso en una prestación sanitaria pública regulada por el Estado, financiada con el dinero del contribuyente y ejecutada por médicos. Eso ya no es libertad individual, es socialización de la muerte. La ley española es ambigua y poco pragmática: habla de “sufrimiento insoportable” y “plenas facultades mentales”, pero deja todo en manos de comisiones de expertos que pueden estar influenciadas por la ideología dominante del momento. Y aquí, una persona con trauma no resuelto y salud mental comprometida consiguió que el Estado organizara su suicidio asistido en lugar de asumir ella misma las consecuencias de su decisión. En definitiva: si quieres morir, hazlo bajo tu responsabilidad. Si estás tan incapacitado que no puedes ni eso, y lo has dejado claro, ayúdale. Pero no mezclemos las cosas: no convirtamos la muerte en un servicio público más, dictado por legisladores socialistas y estatistas que deciden por todos cómo debe gestionarse el final de la vida. Al final, el verdadero test de coherencia sería este: ¿seguiríamos montando operativos policiales para impedir suicidios en la calle si tuviéramos esta ley tan “avanzada”? Porque algo me dice que sí… y eso sí que es humor negro.
César Vidal TV@CesarVidalTV

La ley de eutanasia en España expone una cruda hipocresía: se promueve la muerte digna para vulnerables, pero se defienden con celo los derechos de violentos. Una doble moral inaceptable. #Hipocresia #Eutanasia #Ley

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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
De estas hay miles de historias; lo que no hemos conseguido es que esas realidades se unieran y se organizaran para arrebatarle el poder al régimen. Al mirar las opciones, hemos preferido dejar la tierra y escoger la libertad en otros rincones de este planeta. Pues nos sentimos rodeados de eso que nosotros los cubanos nombramos como chibatientes.
Dios@diostuitero

Cuba en dos minutos. Insuperable.

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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
No has leído lo que escribí. Lo entiendo; suele pasar: comentar un post sin ni siquiera leerlo. Ahora bien, ¿si tienes un hijo, no harías lo que fuera para que no se suicidara? Nota: incluye rectificar tu actitud de “no atención” para, en el ahora, intentar que no se suicide. ¿Lo pillas?
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Mar
Mar@MRuizIturralde·
@Atuey4 @AntonioRNaranjo Solo un detalle. El proceso de Noelia ha durado dos años porqué un padre que nunca estuvo presente quiso decidir por ella, presentó una denuncia y el caso fue a los tribunales. En mi opinión no debió aceptarse la denuncia. Noelia padecía dolores insoportable
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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
Es más que la lucha contra la muerte o el dolor; es la socialización de la muerte, en mano de los legisladores socialistas, dándole un poder más a la figura del Estado. ¡Qué curioso resulta este circo moderno! Cuando ves a alguien a punto de tirarse de un puente o de un quinto piso, la reacción normal de cualquier persona decente (y de bomberos, policías y hasta el vecino del quinto) es intentar impedirlo por todos los medios. Se monta un dispositivo, se arriesgan vidas ajenas y se gasta dinero público para que el pobre diablo no se mate. Es lo lógico. Pero ay, cuando la misma persona, después de no conseguirlo y quedarse hecha un Cristo, pide la eutanasia… entonces aparece el coro de ángeles progresistas defendiendo a muerte su “derecho a morir dignamente” y mirando por encima del hombro a quien dice “espera un momento”. Curioso, ¿verdad? Casi diría que es humor británico negro: salvamos al suicida cuando actúa solo, pero le ponemos alfombra roja y personal sanitario cuando decide que el Estado le haga el trabajo limpio. En el caso de Noelia: sufrió una violación terrible, no pudo superarlo, saltó desde un edificio y acabó con paraplejia, dolores crónicos y una dependencia importante. Conservaba movilidad en los brazos y cierta capacidad de movimiento con ayuda, pero arrastraba graves problemas psicológicos y psiquiátricos (eso no es opinión, es hecho). Aun así, tuvo la determinación suficiente para montar un proceso legal de casi dos años y conseguir que otros la mataran de forma legal, indolora y financiada por todos. Ahí está la clave de mi incomodidad. Yo defiendo que de la piel hacia adentro mandas tú. Tu vida es tuya y solo tuya. Si quieres quitártela, adelante, es tu decisión. Pero cuando ya no puedes hacerlo tú solo porque estás muy dependiente, y lo has pedido claramente o lo dejaste por escrito, entonces sí: en ese caso extremo es deber de otros ayudarte a cumplir tu voluntad. Punto. Lo que no me convence es convertir eso en una prestación sanitaria pública regulada por el Estado, financiada con el dinero del contribuyente y ejecutada por médicos. Eso ya no es libertad individual, es socialización de la muerte. La ley española es ambigua y poco pragmática: habla de “sufrimiento insoportable” y “plenas facultades mentales”, pero deja todo en manos de comisiones de expertos que pueden estar influenciadas por la ideología dominante del momento. Y aquí, una persona con trauma no resuelto y salud mental comprometida consiguió que el Estado organizara su suicidio asistido en lugar de asumir ella misma las consecuencias de su decisión. En definitiva: si quieres morir, hazlo bajo tu responsabilidad. Si estás tan incapacitado que no puedes ni eso, y lo has dejado claro, ayúdale. Pero no mezclemos las cosas: no convirtamos la muerte en un servicio público más, dictado por legisladores socialistas y estatistas que deciden por todos cómo debe gestionarse el final de la vida. Al final, el verdadero test de coherencia sería este: ¿seguiríamos montando operativos policiales para impedir suicidios en la calle si tuviéramos esta ley tan “avanzada”? Porque algo me dice que sí… y eso sí que es humor negro.
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Lucia Etxebarria
Lucia Etxebarria@LaEtxebarria·
"No siempre lo legal es moralmente aceptable"  "La decisión está tomada desde una situación extrema que lógicamente condiciona su toma".  "Si el dolor puede justificar la muerte, entonces dejamos de tener una medicina orientada a la sanación" confilegal.com/20260327-caso-…
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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
@sonsolesonega Reflexión sobre el caso de Noelia y la eutanasia española ¡Qué curioso resulta este circo moderno! Cuando ves a alguien a punto de tirarse de un puente o de un quinto piso, la reacción normal de cualquier persona decente (y de bomberos, policías y hasta el vecino del quinto) es intentar impedirlo por todos los medios. Se monta un dispositivo, se arriesgan vidas ajenas y se gasta dinero público para que el pobre diablo no se mate. Es lo lógico. Pero ay, cuando la misma persona, después de no conseguirlo y quedarse hecha un Cristo, pide la eutanasia… entonces aparece el coro de ángeles progresistas defendiendo a muerte su “derecho a morir dignamente” y mirando por encima del hombro a quien dice “espera un momento”. Curioso, ¿verdad? Casi diría que es humor británico negro: salvamos al suicida cuando actúa solo, pero le ponemos alfombra roja y personal sanitario cuando decide que el Estado le haga el trabajo limpio. En el caso de Noelia: sufrió una violación terrible, no pudo superarlo, saltó desde un edificio y acabó con paraplejia, dolores crónicos y una dependencia importante. Conservaba movilidad en los brazos y cierta capacidad de movimiento con ayuda, pero arrastraba graves problemas psicológicos y psiquiátricos (eso no es opinión, es hecho). Aun así, tuvo la determinación suficiente para montar un proceso legal de casi dos años y conseguir que otros la mataran de forma legal, indolora y financiada por todos. Ahí está la clave de mi incomodidad. Yo defiendo que de la piel hacia adentro mandas tú. Tu vida es tuya y solo tuya. Si quieres quitártela, adelante, es tu decisión. Pero cuando ya no puedes hacerlo tú solo porque estás muy dependiente, y lo has pedido claramente o lo dejaste por escrito, entonces sí: en ese caso extremo es deber de otros ayudarte a cumplir tu voluntad. Punto. Lo que no me convence es convertir eso en una prestación sanitaria pública regulada por el Estado, financiada con el dinero del contribuyente y ejecutada por médicos. Eso ya no es libertad individual, es socialización de la muerte. La ley española es ambigua y poco pragmática: habla de “sufrimiento insoportable” y “plenas facultades mentales”, pero deja todo en manos de comisiones de expertos que pueden estar influenciadas por la ideología dominante del momento. Y aquí, una persona con trauma no resuelto y salud mental comprometida consiguió que el Estado organizara su suicidio asistido en lugar de asumir ella misma las consecuencias de su decisión. En definitiva: si quieres morir, hazlo bajo tu responsabilidad. Si estás tan incapacitado que no puedes ni eso, y lo has dejado claro, ayúdale. Pero no mezclemos las cosas: no convirtamos la muerte en un servicio público más, dictado por legisladores socialistas y estatistas que deciden por todos cómo debe gestionarse el final de la vida. Al final, el verdadero test de coherencia sería este: ¿seguiríamos montando operativos policiales para impedir suicidios en la calle si tuviéramos esta ley tan “avanzada”? Porque algo me dice que sí… y eso sí que es humor negro.
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Hatuey Saavedra@Atuey4·
Reflexión sobre el caso de Noelia y la eutanasia española ¡Qué curioso resulta este circo moderno! Cuando ves a alguien a punto de tirarse de un puente o de un quinto piso, la reacción normal de cualquier persona decente (y de bomberos, policías y hasta el vecino del quinto) es intentar impedirlo por todos los medios. Se monta un dispositivo, se arriesgan vidas ajenas y se gasta dinero público para que el pobre diablo no se mate. Es lo lógico. Pero ay, cuando la misma persona, después de no conseguirlo y quedarse hecha un Cristo, pide la eutanasia… entonces aparece el coro de ángeles progresistas defendiendo a muerte su “derecho a morir dignamente” y mirando por encima del hombro a quien dice “espera un momento”. Curioso, ¿verdad? Casi diría que es humor británico negro: salvamos al suicida cuando actúa solo, pero le ponemos alfombra roja y personal sanitario cuando decide que el Estado le haga el trabajo limpio. En el caso de Noelia: sufrió una violación terrible, no pudo superarlo, saltó desde un edificio y acabó con paraplejia, dolores crónicos y una dependencia importante. Conservaba movilidad en los brazos y cierta capacidad de movimiento con ayuda, pero arrastraba graves problemas psicológicos y psiquiátricos (eso no es opinión, es hecho). Aun así, tuvo la determinación suficiente para montar un proceso legal de casi dos años y conseguir que otros la mataran de forma legal, indolora y financiada por todos. Ahí está la clave de mi incomodidad. Yo defiendo que de la piel hacia adentro mandas tú. Tu vida es tuya y solo tuya. Si quieres quitártela, adelante, es tu decisión. Pero cuando ya no puedes hacerlo tú solo porque estás muy dependiente, y lo has pedido claramente o lo dejaste por escrito, entonces sí: en ese caso extremo es deber de otros ayudarte a cumplir tu voluntad. Punto. Lo que no me convence es convertir eso en una prestación sanitaria pública regulada por el Estado, financiada con el dinero del contribuyente y ejecutada por médicos. Eso ya no es libertad individual, es socialización de la muerte. La ley española es ambigua y poco pragmática: habla de “sufrimiento insoportable” y “plenas facultades mentales”, pero deja todo en manos de comisiones de expertos que pueden estar influenciadas por la ideología dominante del momento. Y aquí, una persona con trauma no resuelto y salud mental comprometida consiguió que el Estado organizara su suicidio asistido en lugar de asumir ella misma las consecuencias de su decisión. En definitiva: si quieres morir, hazlo bajo tu responsabilidad. Si estás tan incapacitado que no puedes ni eso, y lo has dejado claro, ayúdale. Pero no mezclemos las cosas: no convirtamos la muerte en un servicio público más, dictado por legisladores socialistas y estatistas que deciden por todos cómo debe gestionarse el final de la vida. Al final, el verdadero test de coherencia sería este: ¿seguiríamos montando operativos policiales para impedir suicidios en la calle si tuviéramos esta ley tan “avanzada”? Porque algo me dice que sí… y eso sí que es humor negro.
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Nos prometieron que la eutanasia era para Ramón Sampedro, que estaba postrado en una cama sin moverse de cuello para abajo, y acabaron matando a esta dulce chica de 25 años capaz de hablar con naturalidad, reír y subir escaleras por si misma. ¡NOS LA HAN COLADO HASTA EL FONDO!
🄹🄼 JESUMEDINA ✍🏼✝️ tweet media
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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
Reflexión sobre el caso de Noelia y la eutanasia española ¡Qué curioso resulta este circo moderno! Cuando ves a alguien a punto de tirarse de un puente o de un quinto piso, la reacción normal de cualquier persona decente (y de bomberos, policías y hasta el vecino del quinto) es intentar impedirlo por todos los medios. Se monta un dispositivo, se arriesgan vidas ajenas y se gasta dinero público para que el pobre diablo no se mate. Es lo lógico. Pero ay, cuando la misma persona, después de no conseguirlo y quedarse hecha un Cristo, pide la eutanasia… entonces aparece el coro de ángeles progresistas defendiendo a muerte su “derecho a morir dignamente” y mirando por encima del hombro a quien dice “espera un momento”. Curioso, ¿verdad? Casi diría que es humor británico negro: salvamos al suicida cuando actúa solo, pero le ponemos alfombra roja y personal sanitario cuando decide que el Estado le haga el trabajo limpio. En el caso de Noelia: sufrió una violación terrible, no pudo superarlo, saltó desde un edificio y acabó con paraplejia, dolores crónicos y una dependencia importante. Conservaba movilidad en los brazos y cierta capacidad de movimiento con ayuda, pero arrastraba graves problemas psicológicos y psiquiátricos (eso no es opinión, es hecho). Aun así, tuvo la determinación suficiente para montar un proceso legal de casi dos años y conseguir que otros la mataran de forma legal, indolora y financiada por todos. Ahí está la clave de mi incomodidad. Yo defiendo que de la piel hacia adentro mandas tú. Tu vida es tuya y solo tuya. Si quieres quitártela, adelante, es tu decisión. Pero cuando ya no puedes hacerlo tú solo porque estás muy dependiente, y lo has pedido claramente o lo dejaste por escrito, entonces sí: en ese caso extremo es deber de otros ayudarte a cumplir tu voluntad. Punto. Lo que no me convence es convertir eso en una prestación sanitaria pública regulada por el Estado, financiada con el dinero del contribuyente y ejecutada por médicos. Eso ya no es libertad individual, es socialización de la muerte. La ley española es ambigua y poco pragmática: habla de “sufrimiento insoportable” y “plenas facultades mentales”, pero deja todo en manos de comisiones de expertos que pueden estar influenciadas por la ideología dominante del momento. Y aquí, una persona con trauma no resuelto y salud mental comprometida consiguió que el Estado organizara su suicidio asistido en lugar de asumir ella misma las consecuencias de su decisión. En definitiva: si quieres morir, hazlo bajo tu responsabilidad. Si estás tan incapacitado que no puedes ni eso, y lo has dejado claro, ayúdale. Pero no mezclemos las cosas: no convirtamos la muerte en un servicio público más, dictado por legisladores socialistas y estatistas que deciden por todos cómo debe gestionarse el final de la vida. Al final, el verdadero test de coherencia sería este: ¿seguiríamos montando operativos policiales para impedir suicidios en la calle si tuviéramos esta ley tan “avanzada”? Porque algo me dice que sí… y eso sí que es humor negro.
Danann@DanannOficial

Noelia fue ejecutada por el Estado.

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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
Reflexión sobre el caso de Noelia y la eutanasia española ¡Qué curioso resulta este circo moderno! Cuando ves a alguien a punto de tirarse de un puente o de un quinto piso, la reacción normal de cualquier persona decente (y de bomberos, policías y hasta el vecino del quinto) es intentar impedirlo por todos los medios. Se monta un dispositivo, se arriesgan vidas ajenas y se gasta dinero público para que el pobre diablo no se mate. Es lo lógico. Pero ay, cuando la misma persona, después de no conseguirlo y quedarse hecha un Cristo, pide la eutanasia… entonces aparece el coro de ángeles progresistas defendiendo a muerte su “derecho a morir dignamente” y mirando por encima del hombro a quien dice “espera un momento”. Curioso, ¿verdad? Casi diría que es humor británico negro: salvamos al suicida cuando actúa solo, pero le ponemos alfombra roja y personal sanitario cuando decide que el Estado le haga el trabajo limpio. En el caso de Noelia: sufrió una violación terrible, no pudo superarlo, saltó desde un edificio y acabó con paraplejia, dolores crónicos y una dependencia importante. Conservaba movilidad en los brazos y cierta capacidad de movimiento con ayuda, pero arrastraba graves problemas psicológicos y psiquiátricos (eso no es opinión, es hecho). Aun así, tuvo la determinación suficiente para montar un proceso legal de casi dos años y conseguir que otros la mataran de forma legal, indolora y financiada por todos. Ahí está la clave de mi incomodidad. Yo defiendo que de la piel hacia adentro mandas tú. Tu vida es tuya y solo tuya. Si quieres quitártela, adelante, es tu decisión. Pero cuando ya no puedes hacerlo tú solo porque estás muy dependiente, y lo has pedido claramente o lo dejaste por escrito, entonces sí: en ese caso extremo es deber de otros ayudarte a cumplir tu voluntad. Punto. Lo que no me convence es convertir eso en una prestación sanitaria pública regulada por el Estado, financiada con el dinero del contribuyente y ejecutada por médicos. Eso ya no es libertad individual, es socialización de la muerte. La ley española es ambigua y poco pragmática: habla de “sufrimiento insoportable” y “plenas facultades mentales”, pero deja todo en manos de comisiones de expertos que pueden estar influenciadas por la ideología dominante del momento. Y aquí, una persona con trauma no resuelto y salud mental comprometida consiguió que el Estado organizara su suicidio asistido en lugar de asumir ella misma las consecuencias de su decisión. En definitiva: si quieres morir, hazlo bajo tu responsabilidad. Si estás tan incapacitado que no puedes ni eso, y lo has dejado claro, ayúdale. Pero no mezclemos las cosas: no convirtamos la muerte en un servicio público más, dictado por legisladores socialistas y estatistas que deciden por todos cómo debe gestionarse el final de la vida. Al final, el verdadero test de coherencia sería este: ¿seguiríamos montando operativos policiales para impedir suicidios en la calle si tuviéramos esta ley tan “avanzada”? Porque algo me dice que sí… y eso sí que es humor negro.
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Danann@DanannOficial·
Noelia fue ejecutada por el Estado.
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Hatuey Saavedra
Hatuey Saavedra@Atuey4·
Todo lo contrario. Es un Estado todo poderoso que socializa la muerte. Reflexión sobre el caso de Noelia y la eutanasia española ¡Qué curioso resulta este circo moderno! Cuando ves a alguien a punto de tirarse de un puente o de un quinto piso, la reacción normal de cualquier persona decente (y de bomberos, policías y hasta el vecino del quinto) es intentar impedirlo por todos los medios. Se monta un dispositivo, se arriesgan vidas ajenas y se gasta dinero público para que el pobre diablo no se mate. Es lo lógico. Pero ay, cuando la misma persona, después de no conseguirlo y quedarse hecha un Cristo, pide la eutanasia… entonces aparece el coro de ángeles progresistas defendiendo a muerte su “derecho a morir dignamente” y mirando por encima del hombro a quien dice “espera un momento”. Curioso, ¿verdad? Casi diría que es humor británico negro: salvamos al suicida cuando actúa solo, pero le ponemos alfombra roja y personal sanitario cuando decide que el Estado le haga el trabajo limpio. En el caso de Noelia: sufrió una violación terrible, no pudo superarlo, saltó desde un edificio y acabó con paraplejia, dolores crónicos y una dependencia importante. Conservaba movilidad en los brazos y cierta capacidad de movimiento con ayuda, pero arrastraba graves problemas psicológicos y psiquiátricos (eso no es opinión, es hecho). Aun así, tuvo la determinación suficiente para montar un proceso legal de casi dos años y conseguir que otros la mataran de forma legal, indolora y financiada por todos. Ahí está la clave de mi incomodidad. Yo defiendo que de la piel hacia adentro mandas tú. Tu vida es tuya y solo tuya. Si quieres quitártela, adelante, es tu decisión. Pero cuando ya no puedes hacerlo tú solo porque estás muy dependiente, y lo has pedido claramente o lo dejaste por escrito, entonces sí: en ese caso extremo es deber de otros ayudarte a cumplir tu voluntad. Punto. Lo que no me convence es convertir eso en una prestación sanitaria pública regulada por el Estado, financiada con el dinero del contribuyente y ejecutada por médicos. Eso ya no es libertad individual, es socialización de la muerte. La ley española es ambigua y poco pragmática: habla de “sufrimiento insoportable” y “plenas facultades mentales”, pero deja todo en manos de comisiones de expertos que pueden estar influenciadas por la ideología dominante del momento. Y aquí, una persona con trauma no resuelto y salud mental comprometida consiguió que el Estado organizara su suicidio asistido en lugar de asumir ella misma las consecuencias de su decisión. En definitiva: si quieres morir, hazlo bajo tu responsabilidad. Si estás tan incapacitado que no puedes ni eso, y lo has dejado claro, ayúdale. Pero no mezclemos las cosas: no convirtamos la muerte en un servicio público más, dictado por legisladores socialistas y estatistas que deciden por todos cómo debe gestionarse el final de la vida. Al final, el verdadero test de coherencia sería este: ¿seguiríamos montando operativos policiales para impedir suicidios en la calle si tuviéramos esta ley tan “avanzada”? Porque algo me dice que sí… y eso sí que es humor negro.
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Alonso Pinto
Alonso Pinto@AlonsoPinto1986·
Sobre el caso de Noelia del Castillo: No ha sido un "fallo del sistema". Han sido personas reales y concretas realizando el mal.
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