͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ͏ ٠ 𝕬𝐑𝐄𝐒。@V10LENCIA
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Pronto se dio cuenta de que a Gae no le agradaba demasiado escuchar la forma en la que él le relataba su realidad, la de ambos ahora mismo. Pensó que quizá aquello fuese lo mejor, que se molestase, que fuese desencantándose de a poco hasta perder por completo el interés en él porque el solo pensamiento de que todo aquello pudiese tomar tierra firme y convertirse en una realidad le preocupaba demasiado, tanto que había ocasiones en las que no sabía reaccionar. ¿En qué momento una joven como ella iba a poner su foco de interés en un hombre de la edad de su padre? “La edad no importa”, le había dicho, “la edad es sólo un número” había llegado a escuchar en otras ocasiones sin poder evitar sentir que algo no funcionaba del todo bien en las mentes de quienes pensaban así. Ahora que era él quien vivía esa situación, todo se tornaba más surrealista.
Accedió finalmente a quedarse casi por piedad, ya que supuso, correctamente, que no le agradaba en demasía quedarse sola en aquella casa durante la noche. También lo haría, en parte, porque sabía que John y Elisabeth no regresarían hasta la mañana probablemente, ya que en las audiencias del cuartel general los cuestionarios e interrogatorios solían alargarse horas y horas por lo serio del asunto. Dejó el coche fuera y la siguió hasta el salón principal, donde le indicaría que pasase a la cocina mientras ella dejaba la maleta en el piso superior. No podría evitar echar un rápido vistazo a su alrededor, a los marcos en cuyas fotos aquella niña pelirroja predominaba como imagen principal. Ya en la puerta de la cocina encendería la luz topándose a un costado con la chaqueta del uniforme de gala de John sobre el respaldo de una silla, manteniendo las distancias como si acaso fuese aquello una muestra de respeto silenciosa.
Con los pasos de Gae al acercarse, la recibiría de pronto con ese recorte de su espacio personal que pareció ser, más bien, una advertencia. Sus orbes recorrieron el rostro ajeno hasta encallar, momentáneamente, sobre sus labios. Reaccionando de inmediato a sus propios instintos, como un animal, volvió sobre sus ojos negando cuando se separó, por fin. ——— No me equivoco, en absoluto. La edad no es algo cuantificable sin más porque dentro de ese número corren muchas cosas más, y en este caso y sobre todo, el hecho de ser el superior de tu propio padre y el llevar todavía un maldito anillo en mi anular. ——— Suspirando con pesadez, tomaría asiento en la mesa y frente a aquel plato, mirándola. Aquellos segundos de silencio fueron tan necesarios como el hecho de que ella lo rompiese. ——— Los enfados son muy buenos, curten el carácter. ——— Alegaría tomando el tenedor para meterlo en el plato. ——— Cuéntame la tuya.