Ramón Bedoy Velázquez
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Ramón Bedoy Velázquez
@BasureroL
Aprendiz de todo, maestro de nada.


Where do “just-so stories” end and real science begin? This study explores 102 lay evolutionary hypotheses from the #manosphere, many framed as fact without evidence. What sets science apart? Testing... 📄 Read the blog: cup.org/4tEm1pL #EvolutionaryHumanSciences











Cancer survival just crossed 70% in the U.S. It was 63% in the 90s. That gap = 4.8M people alive today. Myeloma: 32% → 62% Melanoma (metastatic): 16% → 35% Lung (metastatic): 2% → 10% That is not abstract progress. These are birthdays, grandkids, & years of memories restored. Sure, we have ways to go. But this is what funded science does. Next time someone asks if cancer research works, show them this chart. - - - - - Source: ACS Cancer Stats. 2026 + SEER (via @Jori_health) - - - - -



Algunas reflexiones sobre este artículo, uno más, que culpa a los hombres de sus problemas: Está diciendo que los hombres deben ser más como las mujeres y hacer las cosas que ellas hacen, como ir más a terapia. Pero hay diferencias sexuales reales en la expresión del malestar psicológico: las mujeres internalizan más (ansiedad, depresión rumiativa), mientras que los hombres externalizan más (ira, conductas de riesgo, consumo de sustancias). La terapia verbal/emocional tradicional, donde terapeuta y cliente se sientan frente a frente y hablan, encaja mejor con el estilo promedio femenino. Por eso algunos expertos hablan de "terapia feminizada" y sugieren enfoques grupales, orientados a acción o basados en camaradería para hombres. Por ejemplo, se está extendiendo una terapia que se suele llamar “talleres masculinos”, “cobertizos de hombres” o “shed therapy”. Son espacios comunitarios donde los hombres se reúnen a hacer cosas prácticas (trabajar madera, arreglar motos, proyectos manuales, tomar café) y, de forma natural y sin presión, acaban hablando de la vida, problemas, viudedad, jubilación, etc. Surgió en Australia y se ha extendido a UK, EE.UU., Canadá y otros países. Hay evidencia de que reduce soledad, ansiedad, síntomas depresivos y riesgo de suicidio. Parece que funciona mejor porque respeta el estilo masculino típico: codo a codo (actividad compartida) en vez de cara a cara (interrogatorio emocional). Muchos hombres prefieren esto a la terapia tradicional. También hay otros enfoques en esta línea como terapia de grupo para hombres (no mixta) o diversos grupos de apoyo y talleres centrados en acción, resiliencia y camaradería. Igual hay que hacer un esfuerzo en adaptar la terapia a los hombres y no los hombres a la terapia. Por otro lado, seguimos con un doble rasero muy extendido y problemático. Cuando las mujeres sufren más depresión, ansiedad o malestar emocional, se interpreta inmediatamente como consecuencia del sistema machista que las oprime, les pone cargas extra y las obliga a cargar con todo. Pero cuando los hombres sufren, la explicación casi siempre es individual: “no piden ayuda”, “no van a terapia”, “tienen miedo a la vulnerabilidad”. El problema se sitúa dentro de su cabeza, no en la sociedad. Sin embargo, los hombres también reciben fuertes presiones sociales estructurales: se les exige ser proveedores principales, tienen tasas más altas de desempleo en ciertas regiones, mayor exposición a trabajos peligrosos, problemas judiciales, mayor presión social para mantener un estatus económico, sostener económicamente a la familia incluso en divorcios desfavorables, y mantener la compostura emocional pase lo que pase. Esa presión no se la ponen ellos solos: se la pone la sociedad. Mientras sigamos diciendo que el sufrimiento femenino es político y estructural, pero el sufrimiento masculino es solo un fallo personal de “no pedir ayuda”, no vamos a solucionar nada. Al contrario, artículos como este desincentivan a los hombres a buscar apoyo, porque refuerzan la idea de que su malestar no es legítimo, sino un defecto de su masculinidad que hay que arreglar. Reconocer que ambos sexos sufren por presiones reales de la sociedad -aunque de formas distintas- sería un buen comienzo. elpais.com/icon/2026-04-2…



Voy a dar una opinión muy de ultraderecha: Las becas universitarias deberían darse EXCLUSIVAMENTE para grados que el país necesite: Medicina, Matemáticas, Ingeniería, Enfermería... No necesitamos más politólogos, sociólogos o graduados en lenguas muertas.











