
Taehyung
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La reconfiguración de coordenadas de la política venezolana post-agresión del 3E es tan bestial, que tenemos a Julio Coco (publicista de MCM) argumentando que Delcy Rodríguez no está obedeciendo a Trump, por lo que en vez de tutelaje hay autonomía, y a Mario Silva (otrora líder de opinión del chavismo), planteando que la obediencia a los dictámenes de la Casa Blanca es absoluta. Síntomas que dicen varias cosas. Primero, cómo la realidad está evidenciando los límites de los marcos de comprensión que han primado en las últimas décadas en el país. Para ambas expresiones mediáticas es insoportable admitir que EE.UU. no juegue con MCM, un reflejo que sintetiza un clima general de confusión atizado por la fragmentación algorítmica. Segundo, que los mecanismos clásicos de interpretación y su base de sustentación saltaron por los aires, generando una ansiedad profunda por restituir ese mismo mecanismo, con todo lo asociado a ello: nichos de audiencia, redes de patrocinio, padrinazgos políticos.Entre el desgaste de los marcos de pensamiento y las burbujas de sentido que atomizan la psicología colectiva, todo luce excéntrico, bizarro. Ahora, hay datos de la realidad que, aunque siempre sujetos a interpretación, pueden ser leídos de forma desinteresada para iluminar el presente. Ya a estas alturas, los elogios de Trump a Rodríguez no solo se circunscriben a una táctica de humillación. Probablemente tenga de eso, pero es palpable que el tipo está genuinamente impresionado: bajo su conducción de "la mona" la producción petrolera sube, el país está bajo control y ambos hablan el mismo lenguaje de los negocios, algo que MCM desconoce por ser la última princesa de esa ruina arqueológica llamada los Amos del Valle. Que al chavismo le haga ruido esto es consistente con la flojera de sus "pensadores", más preocupados por la captura de renta que por actualizar sus planteamientos. Ya, en este punto, él también es consciente de que está entrampado: volver a bombardear o restituir el statu quo anterior de las sanciones ahuyentará la inversión petrolera (hoy una necesidad existencial tras la catástrofe en Irán). Le queda elogiar, defender su éxito militar y sacar el mayor provecho por el mayor tiempo que pueda. La dependencia es mutua; sin Rodríguez al frente, no hay business con la intermediación comercial del crudo, y sin un Trump pragmático no hay chance de respiro económico para el país. Además, internamente, jugar con MCM es ceder ante los demócratas que la respaldan, exponerse a una reconfiguración del Estado venezolano que luce conflictiva y, lo más importante, darle la razón a su lobby para que las empresas norteamericanas no inviertan en el país. Es económico, netamente económico, el problema. Podría seguir, pero no quiero tirar toda la carne en el asador. Lo importante de este tráiler es que el campo de juego está integrado por varias capas de complejidad, donde coexisten tensiones, avales y acuerdos donde las partes sacrifican sus máximos: Washington no obtendrá (es la tendencia actual, obviamente puede cambiar) la aniquilación tan deseada, ni Caracas obtendrá la multipolaridad ni autonomía estratégica, quizás solo relativa. Es realismo geopolítico del más coño de su madre: Venezuela es un Estado con poder nacional reducido y demasiado cerca del hegemón regional a nivel geográfico. Toca descubrir el sofisticado arte de conservar renglones de independencia en un contexto de realineamiento, hemisférico por demás, que además disuelve los trazos gruesos de la contradicción interna chavismo-MCM. Un apunte final como antecedente. En círculos diplomáticos y políticos mexicanos, ser la "cola fuerte de EE.UU." se considera una palanca de empoderamiento, aun cuando es el mismo país que le robó la mitad de su territorio en el siglo XIX. Estamos hablando del país más nacionalista, por lejos, de la región.











