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Parecen dos ancianas preparándose para una fiesta y un tierno ángel cuidándolas por la espalda, ¿verdad?
Pues no. Estás ante una de las críticas más despiadadas, oscuras y terroríficas que se han pintado jamás sobre la vanidad humana.
¿Lo analizamos? 🔍
"Las viejas" (o "El Tiempo"), Francisco de Goya, 1810.
La mujer de la izquierda no solo está sumamente envejecida: está casi momificada, cadavérica. Pero mira lo que lleva en las manos: un espejo. Y en el reverso del espejo hay una pregunta inscrita que hiela la sangre: "¿Qué tal?".
Ella se mira buscando la belleza que el tiempo ya le robó hace décadas. Goya nos muestra que la vanidad no se marchita con los años; simplemente se vuelve grotesca. Ella sigue atrapada en la ilusión de su juventud, ignorando su propia decadencia.
Al lado, la otra mujer la observa con unos ojos hundidos y rojizos. Ella sí sabe lo que viene. Representa la consciencia tardía, el frío reflejo de mirar de frente a la muerte pero seguir aferrada a los lujos materiales (mira sus vestidos de encaje y sus joyas).
Pero lo peor está detrás. Ese ser con alas que parece un ángel... no lo es. Es Cronos, la personificación del Tiempo. Y no las está cuidando: sostiene una escoba en alto, listo para barrerlas y borrarlas de la existencia.
Al Tiempo no le importa tu dinero, ni tus vestidos caros, ni cuántas joyas lleves puestas. El Tiempo no se detiene ante la belleza, ni se conmueve por la vanidad. Avanza de forma implacable y nos reduce a todos, tarde o temprano, a polvo.
Con esta obra, Goya no solo pintó la vejez: castigó la hipocresía de una aristocracia que prefería vivir en la mentira de las apariencias antes que aceptar la cruda realidad de la mortalidad. Una bofetada de realidad que, más de 200 años después, sigue doliendo igual.

Español
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Astronomers have identified a growing list of exoplanets that resemble Earth in size, composition, and potential habitability. These “Earth-like” worlds orbit distant stars but may share some of the same life-friendly conditions as our home planet.
Some of the most intriguing include Kepler-69c, Kepler-452b, Kepler-186f, and Kepler-438b, all discovered by NASA’s Kepler Space Telescope. Others, like TRAPPIST-1e and Kepler-1649c, sit within their stars’ habitable zones regions where liquid water could exist. Additional candidates such as Kepler-362c, Kepler-220e, and Kepler-344c further expand the list of potential Earth analogues.
While we don’t yet know if these worlds harbour life, each discovery pushes us closer to answering one of humanity’s oldest questions: are we alone in the universe? Upcoming missions like the James Webb Space Telescope are now studying these planets’ atmospheres in search of chemical fingerprints of life.

English
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