𝙻𝚎𝚘 𝐌𝐞𝐬𝐬𝐢𝐧𝐚
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el mismo que quedaba arrumbado en el suelo después de los movimientos y bailes a los clientes que estaban en las mesas de adelante. La falda posterior, un pedazo de tela que poco dejaba a la imaginación. Estaba lista para salir a bailar cuando las luces se apagaron.

Y así Danielle tuvo que pasar de largo hacia el camerino, esquivando a algunas personas que de forma recurrente iban a verla para solicitar sus servicios. Ahí, volvió a lavarse los dientes y las manos, para quitarse el olor a tabaco. También para refrescarse. Pronto saldría.

terminó por dejarla a medias. Ni siquiera procuró expresar mucho. “Tienes razón. Hay más diversión allá dentro que acá. No te aburras tanto, Leo.” Apretó su mentón y se alejó con unos cuantos pasos que impusieron la distancia que la hizo encaminarse hacia la entrada.

Al final, terminó cediendo. Sus labios atraparon su dedo, succionándolo con lentitud. De vez en cuando lo mordió y lamió. Un suave gemido escapó de su boca al notarlo acariciarla. Esperó que nadie los estuviera viendo, sobre todo porque Leo tendría que estar trabajando.



cigarrillo, ¿sabes?” Sus labios hablaron con el pulgar del hombre entre ellos, sin apartarse de su posición ni por un segundo. Mantuvo la postura erguida.

Ella mantuvo la mirada puesta en él, azulada y brillante a pesar de las pocas horas de sueño que llevaba en el cuerpo. Observó de reojo a su alrededor, una zona desprovista de personas. “Seguro que el jefe te lo va a agradecer mucho, Leo. El que estés tan preocupado de eso…”

“Demasiado. Y de pensar la noche queda hasta la madrugada…” Puso los ojos en blanco. No estaba aburrida de su trabajo, ni de los réditos que sacaba de ello. Pero tampoco estaba descansando bien. En absoluto. Esbozó una sonrisa pequeña, ladeada. “¿Control de calidad?”

Estiró la espalda justo cuando exhaló el aire por la boca. Escuchó a Leo y apenas se giró un poco para verlo a los ojos. Por suerte tenía un abrigo largo puesto. “¿Es en doble sentido?” Contestó en tono jocoso. “Pero sí, lo es. Estoy agotadísima. ¿Tú?”

Danielle encendió un cigarrillo al aire libre. Apoyó los antebrazos en la barra del exterior del club donde estaba trabajando y se quedó apartada del grupo de personas que aún estaba ahí, revoloteando. Estaba un poco cansada, y aún le quedaba por trabajar unas horas más.







