Un junior me dijo “Buenos días” en el ascensor.
Miré el reloj.
Eran las 12:00.
Lo miré.
"Ya casi es la hora de comer" Le dije.
A estas horas ya no son buenos días.
Intentó explicarme que estaba en su escritorio desde las 7.
Lo interrumpí.
La precisión importa más que la intención.
Le escribí a su evaluador sugiriendo que hiciera un curso de gestión del tiempo.
Más tarde me pidió disculpas.
No respondí.
Reenvié el correo a RRHH como prueba de su ineficiencia.
Los saludos son arriesgados.
Aprendió una lección importante.
Nunca le hables a un socio en el ascensor.
A menos que él te hable primero.