Jorge L. Rodríguez@rodriguezjorgel
Ya escribí un artículo el otro día hablando sobre el premio a la incultura.
Sobre cómo, en pleno siglo XXI, a veces el aplauso masivo no celebra el talento… sino la mediocridad convenientemente maquillada.
Y hoy vuelvo al tema porque hay algo que no deja de darme vueltas en la cabeza
¿Cómo es posible
que una tierra que parió gigantes musicales,
que le regaló al mundo elegancia, poesía y ritmo,
termine aferrándose casi con fanatismo tribal a los éxitos de Bad Bunny como si fueran la cumbre cultural de su historia?
¿Cómo se explica eso?
Estamos hablando de Puerto Rico
La isla que produjo voces inmortales
Compositores finos
Orquestas que parecían universidades del ritmo
Gente que sabía escribir letras con metáforas, con alma, con calle y con clase ,
Música que se podía bailar…
y también pensar.
Música con swing y con cerebro
Y, sin embargo, hoy pareciera que todo ese legado se reduce a repetir un estribillo vacío, a celebrar lo básico, lo fácil, lo desechable.
No es un problema musical.
Es más profundo,
Es psicológico
Cuando una sociedad empieza a defender cualquier producto solo porque “es nuestro”, ya no está ejerciendo criterio…
está ejerciendo nacionalismo ciego.
Y el nacionalismo ciego es primo hermano de la manipulación.
Porque cuando te convencen de que debes aplaudir algo únicamente por bandera y no por calidad,
ya no estás eligiendo
Te están eligiendo a ti
Te están manejando
Te están usando
El arte verdadero eleva
Te obliga a crecer
Te exige sensibilidad
La cultura basura, en cambio, adormece
Repite
Hipnotiza
Simplifica
Te convierte en consumidor, no en pensador
Y ahí está el verdadero peligro.
No que un artista exista.
Cada cual canta lo que puede.
El problema es cuando millones aceptan eso como cima creativa.
Cuando confunden popularidad con grandeza
Streaming con legado
Ruido con música
Eso ya no es gusto
Eso es decadencia cultural.
Es el síntoma más claro de una sociedad fácil de dirigir, fácil de entretener, fácil de distraer.
Pueblos que antes producían poesía…
ahora producen tendencias
Antes formaban músicos.
Ahora fabrican ídolos de temporada.
Antes el arte nacía del alma
Ahora nace del algoritmo
Y cuando el algoritmo decide lo que escuchas, lo que bailas y lo que admiras…
ya no eres libre
Eres moldeable.
Y un pueblo moldeable es el sueño de cualquier poder.
Porque al que no piensa, se le gobierna fácil
Al que no cuestiona, se le vende cualquier cosa.
Al que solo repite coros… nunca le dará por escribir su propia canción.
Tal vez por eso duele,
No es rabia
Es tristeza
Porque uno sabe de lo que esa tierra fue capaz.
Y cuando conoces la grandeza, la mediocridad duele el doble.
La cultura no muere de golpe.
Se desgasta
Se abarata
Se simplifica
Hasta que un día aplaudimos cualquier cosa…
y encima creemos que estamos celebrando un triunfo.
Y no.
A veces no es un premio
A veces es el certificado elegante de que nos volvimos más fáciles de manipular
Y por si fuera poco, la ignorancia alcanza un punto casi ofensivo cuando algunos, en un arrebato de fanatismo infantil, se atreven a comparar a Bad Bunny con Michael Jackson.
Ahí uno ya no sabe si reír… o preocuparse.
Porque esa comparación no nace del gusto.
Nace del desconocimiento.
Es confundir tendencia con trascendencia.
Michael Jackson no fue un artista viral.
Fue un parteaguas histórico.
Vendió más de 400 millones de discos físicos en una época donde no existían redes sociales,
ni plataformas digitales,
ni algoritmos inflando reproducciones,
ni campañas de marketing disfrazadas de “orgánico”.
La gente tenía que salir de su casa, entrar a una tienda y pagar por su música.
Discos reales.
Entradas reales.
Filas reales.
Y aun así llenó estadios en los cinco continentes
Sin Instagram
Sin TikTok
Sin streaming , cuando no había Spotify,
Solo talento ,Solo disciplina, Solo arte.
Redefinió la industria, cambió la forma de bailar, de producir, de filmar videoclips, de entender el espectáculo.
No siguió la cultura, La creó
Comparar eso con un fenómeno construido por la repetición digital y el consumo rápido no es exageración…
es amnesia cultural.
Porque una cosa es un legado que atraviesa generaciones.
Y otra muy distinta es un producto que dura lo que dura la moda del mes.
Y cuando una sociedad coloca ambas cosas en la misma balanza, el problema no está en los artistas…
está en el criterio.
Porque el fanatismo, cuando reemplaza al pensamiento crítico, convierte cualquier ruido en mito
Y eso ya no es orgullo nacional.
Eso es dejarse manipular con demasiada facilidad
Francamente…
confundir historia con tendencia no es pasión cultural.
Es, simplemente, una forma elegante de la ignorancia.
Por: Michel Miguel