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@ElPulsoOvando
Bienvenidos a El Pulso con Ovando. Aquí analizamos el contenido de los principales medios del mundo con un toque crítico.











Diana Saray estigmatizó y señaló a personas y organizaciones civiles desde sus redes sociales y sus micrófonos. Llamó “brazo político” de la guerrilla a una plataforma de organizaciones que incluía organizaciones de colegios y de mujeres. Cuando la gente afectada por ella (que siempre son personas muy vulnerables, básicamente pobres y de la periferia del país) quiso defenderse y pedir que no la criminalizaran, resultó que su audiencia era de corto alcance, no hubo rectificación ni derecho a réplica. Saray criminalizó a civiles ante una audiencia de millones y se quedó tan pancha echándose aire en el ombligo. Se sabía con dominio del mensaje porque, precisamente, no es periodista, es una lobbista de las comunicaciones entre los medios y las corporaciones, sabe cómo funciona el mercadeo de la información. (¿Recuerdan su etapa de alfil en el caso Atún Van Camps del lado de la empresa?). En resumen, Saray sabía que la defensa de estas gentes, víctimas de su desinformación y sus calumnias, tenía un alcance limitado. Lo que pasa es que olvidó que hay un sector del periodismo que sí conoce la compleja realidad del país sencillamente porque lo ha recorrido y reporteado (no es arrogancia hacer lo que ella no hace, que es lo más básico del oficio: salir a hacer reportería) y este es un sector que sí entiende el riesgo territorial que implica el tipo de señalamientos como los que Saray hace, un riesgo directo sobre la vida de las personas. Y bueno, este sector del periodismo (que suele interactuar entre zonas rurales y capitales) pues tiene una audiencia más amplia que sí logra poner en evidencia la irresponsabilidad de Saray (o semejantes) y, de esta forma, este sector del periodismo lo que hace es ampliar el derecho a réplica de las poblaciones que ella misma vulneró, o simplemente ampliar el reclamo honesto de las audiencias. Y eso es lo que Saray detesta, que la logren poner en evidencia. Es decir, a esta tipa lo que le jode no es la crítica que desde el periodismo se hace al periodismo, lo que en realidad le jode es que quienes hacen las criticas (permitidas en cualquier democracia) tienen incidencia en las audiencias. Saray detesta a este sector. Una lástima llenarse de un odio tan frívolo. Nunca entendió que es la credibilidad de estos periodistas lo que les genera la audiencia que les permite ponerla en evidencia, a ella y a semejantes. No es culpa de este periodismo que Saray y sus coleguis hayan decidido, en cambio, poner la suya en entredicho.


