
Señor Presidente @petrogustavo (@CaracolRadio), Si pudiera sentarme a tomar un café con usted, le diría con la misma calma con que se dice una verdad difícil: va a pasar a la historia como un presidente insignificante. No por falta de ambición —que le sobró—, sino por lo que hizo con ella. Le diría que entiendo el origen de su proyecto político. Que en este país había millones de colombianos que no tenían voz, que cargaban con la exclusión como herencia, y que usted llegó a representar esa rabia legítima y esa espera acumulada. Eso fue real. Pero entre darle voz a los sin voz y desmantelar las instituciones que protegen a todos, hay una línea que usted cruzó sin titubear y sin vergüenza. Le diría que la democracia que heredó no era perfecta —nunca lo ha sido—, pero que costó décadas construirla sobre los huesos de quienes murieron por ella. Usted llegó al poder por esa misma democracia, y la usó para erosionarla desde adentro, con el descaro de quien sabe que los grandes gestos distraen de los grandes daños. Le diría que su legado no es la reforma que prometió, sino la corrupción que normalizó, la violencia que toleró y promovió, y la indignidad que instaló como estilo de gobierno. Hay presidentes que dejan obras, y presidentes que dejan heridas. Usted deja poco de la primera y mucho de la segunda. Deja un país en manos de terroristas y un reguero de corrupción y mediocridad. Deja un país violado y abusado por usted y su indecencia. Le diría, finalmente, que la historia no es generosa con quienes tienen el poder de transformar y eligen, en cambio, la mediocridad del rencor. Que cuando el polvo se asiente, lo que quedará de su gobierno no será el cambio que prometió, sino la profunda huella de indignidad que le imprimió a un país que merecía más. Ese sería mi café con usted, presidente. Amargo, como el que nos dejó.


















