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SE DERRUMBA EL ÍDOLO DE BARRO: EL SUICIDIO POLÍTICO DE OMAR GARCÍA HARFUCH
Anoten la fecha, porque estamos presenciando la caída más espectacular del sexenio. Omar García Harfuch, el hombre que era visto como el "genio" de la inteligencia mexicana, acaba de destruir su carrera en menos de 72 horas. Al salir a defender lo indefendible y asegurar que "no había delitos" en el gobierno de Sinaloa, el Secretario de Seguridad dejó de ser un policía técnico para convertirse en un escudo humano. Hoy, su prestigio internacional está políticamente muerto.
EL DILEMA FATAL: ¿INCOMPETENTE O CÓMPLICE?
La defensa de Harfuch hacia Rubén Rocha Moya lo metió en un callejón sin salida. Solo hay dos opciones:
Opción A (Incompetencia): Si de verdad no sabía que el gabinete de Sinaloa trabajaba para "Los Chapitos", entonces la inteligencia de México es una burla frente a la DEA.
Opción B (Complicidad): Si lo sabía y mintió para protegerlos, entonces Harfuch dejó de ser el Secretario de Seguridad para ser el vocero oficial del cártel. En ambos casos, el país pierde.
EL VETO DE WASHINGTON: EL PUENTE QUE VOLÓ EN PEDAZOS.
Harfuch era el único eslabón que le daba "tranquilidad" a Estados Unidos; lo veían como un policía limpio. Ese puente se rompió. Tras encubrir a los dos funcionarios que hoy están confesando sus nexos con el narco en Arizona y Europa, el Pentágono y la DEA han tachado su nombre. ¿Quién va a compartir inteligencia secreta con el hombre que defiende a los criminales? Harfuch acaba de quedar aislado del mundo.
EL PEÓN SACRIFICADO: QUEMAR EL PRESTIGIO POR 48 HORAS DE TIEMPO.
Lo más revelador es cómo lo usaron. Palacio Nacional sabía que defender a Rocha Moya tenía un costo altísimo, y en lugar de quemar la figura presidencial, mandaron a su mejor pieza a inmolarse frente a las cámaras. Gastaron el nombre del "Súper Policía" para comprarle un par de días a un narcogobernador en caída libre. Fue un sacrificio innecesario que dejó a la seguridad nacional sin su principal referente.
El mito terminó. Harfuch no pasará a la historia como el hombre que limpió a México, sino como el funcionario que entregó su placa para encubrir la captura de un estado.

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