Flip
37.7K posts

Flip
@Flippacard
Flip | Artist, Fanfic Apologist (He/Him) | LG🅱T | BLM|23! Currently in: professional and strange



No, no. You’re thinking about the bubbly, yappy, quirky kind of autistic. I’m the quiet, obsessively punctual, vaguely German kind of autistic

you got some kinda problem with me being a girl you piiig

9 years ago today, ‘Andi Mack’ premiered on Disney Channel.

🎞それがドロヘドロール🎞 「我が妻にね」 第1話(魔の13)より🚬 #ドロヘドロ #それがドロヘドロ


He literally apologized for his slavery comments, did the religious “Sunday Service” grift, & then later started wearing a klansman outfit, praised Hitler……. Give it a few months & he will be right back to praising white supremacists & you idiots will make excuses again.

I love mockumentaries, need one thats not about dudes though


be careful with who you call oomf.. you could be the one theyre vagueposting negatively about


En 1997, una joven actriz de 23 años llamada Rose McGowan salió de una habitación de hotel durante el Festival de Sundance con un cheque de 100.000 dólares y un acuerdo legal que le exigía silencio, porque lo que había ocurrido dentro de esa habitación no estaba pensado para ser contado, sino para ser enterrado, protegido y olvidado dentro de un sistema que durante años había perfeccionado la forma de ocultar lo que no convenía que saliera a la luz. El nombre detrás de aquel acuerdo era Harvey Weinstein, y lo que aquel documento representaba no era solo una transacción económica, sino una estructura mucho más amplia, una maquinaria diseñada para convertir el poder en impunidad y el silencio en moneda de cambio, una lógica que no necesitaba grandes amenazas visibles porque funcionaba a través de decisiones pequeñas y constantes que, poco a poco, iban apagando cualquier intento de denuncia. Lo esperable habría sido aceptar ese dinero, guardar silencio y reconstruir una carrera dentro de los márgenes que la industria permitía, porque así es como se mantenía el equilibrio, así es como se protegía el acceso a papeles, a oportunidades, a una vida dentro de Hollywood, pero Rose McGowan hizo algo que en ese contexto no solo era incómodo, sino profundamente arriesgado: decidió hablar, no una vez, no en un momento puntual, sino durante años, insistiendo en una verdad que nadie quería escuchar. Durante dos décadas, su voz se mantuvo firme en un entorno que respondía cerrando puertas, retirando oportunidades y transformando su imagen pública, porque el sistema no necesitaba desacreditar los hechos si podía desacreditar a quien los contaba, y así fue etiquetada como difícil, inestable, problemática, desviando la conversación hacia su carácter en lugar de hacia lo que estaba denunciando, una estrategia tan habitual que termina pareciendo natural cuando en realidad es una forma muy precisa de proteger estructuras de poder. Mientras tanto, la industria continuaba funcionando, las producciones seguían adelante y el silencio seguía siendo la norma, hasta que en 2017 algo cambió, cuando investigaciones periodísticas sacaron a la luz lo que durante años había sido ignorado, confirmando patrones, testimonios y dinámicas que Rose llevaba dos décadas señalando en soledad, y lo que antes había sido una voz aislada se convirtió en un eco colectivo que ya no podía ser ignorado. El movimiento #MeToo no nació de la nada, sino de muchas historias acumuladas que, al coincidir en el tiempo, hicieron visible una realidad que había permanecido oculta a plena vista, y en ese momento, aquello que Rose McGowan había denunciado dejó de ser interpretado como una exageración para convertirse en una evidencia compartida, en algo que ya no podía reducirse a una opinión ni a una experiencia aislada. Sin embargo, hay una parte de la historia que no encaja en los relatos cómodos, porque aunque el sistema empezó a ser cuestionado y algunos responsables enfrentaron consecuencias, la vida de quien habló primero no se recompuso automáticamente, su carrera no regresó, su posición en la industria no se restauró, y eso obliga a mirar la historia desde un lugar menos idealizado, entendiendo que decir la verdad no siempre viene acompañado de reparación. Porque hay personas que hablan cuando todavía no es seguro hacerlo, cuando no hay respaldo, cuando no existe un movimiento que sostenga sus palabras, y en ese momento lo que reciben no es reconocimiento, sino aislamiento, pérdida y una presión constante para que se detengan, y aun así, algunas continúan, no porque sea fácil, sino porque no pueden hacer otra cosa. La historia de Rose McGowan no es solo la de una denuncia, sino la de alguien que sostuvo una verdad durante años sin garantías de ser escuchada, y eso plantea una pregunta que no siempre resulta cómoda, pero que sigue siendo necesaria. No es por qué alguien decide hablar. Es por qué el resto tarda tanto en escuchar.

@ghostsofspring there's too much competition to choose a worst cover, but I nominate this for worst pullquote




















