J2H12
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De verdad que siento vergüenza ajena,esta es la clase de abogaduchos que tiene el país,puros leguleyos


Hay algo profundamente inquietante en @MashiRafael Correa. Y no lo digo por sus insultos de barrio, ni por su costumbre de escupir odio en redes sociales. Lo digo porque el país ya tuvo la desgracia de ser gobernado por alguien que confundía el poder con un espejo. Correa no argumenta: insulta. Tiene la estabilidad emocional de una licuadora sin tapa. Y quizá por eso Ecuador debería empezar a discutir algo serio: un examen psiquiátrico obligatorio para quien aspire a la Presidencia de la República. Porque después de semejante experiencia nacional, el país merece al menos la tranquilidad de saber que quien gobierna no escucha únicamente los aplausos de las voces que viven dentro de su cabeza. El prófugo insiste en repetir que fue condenado por ‘influjo psíquico’. Mentira. Fue sentenciado por cohecho agravado. Pero claro, el problema del mitómano no es mentir. El problema es cuando termina creyéndose sus propias fantasías. Correa es un hombre atrapado entre el narcisismo y el resentimiento. Misógino cuando una mujer lo contradice. Autoritario cuando alguien piensa distinto. Y peligrosamente hábil para manipular a quienes todavía confunden insultos con liderazgo. Lo triste es el ejército digital que dejó sembrado: pequeños mercenarios de la infamia que disparan basura desde cuentas anónimas o conocidas con la esperanza de que algún día el caudillo les lance una candidatura como quien arroja migajas desde un balcón. En fin. Soy un hombre piadoso. Por eso creo que cuando finalmente la justicia alcance a Correa, algún médico debería evaluarlo antes que un carcelero lo reciba. Porque más allá de la corrupción, lo suyo parece un caso clínico de ego inflamado con delirios de persecución y vocación de emperador tropical. Correa jamás estuvo preparado para gobernar un país. Apenas le alcanzaba para administrar su vanidad. Y Ecuador todavía paga la terapia.




















