🌹 Adrián Barbón 💙💛@AdrianBarbon
Hoy hace noventa años, un grupo de generales y una parte del ejército, incumpliendo su juramento de fidelidad a la Constitución, efectuó un golpe de Estado que desembocó en la guerra civil española.
Lo hicieron con el apoyo de un grupo de partidos políticos que no fueron capaces de aceptar el resultado electoral del 16 de febrero, que había cristalizado en un gobierno de centro izquierda apoyado por las fuerzas políticas obreras.
El golpe de Estado contra la legalidad también fue apoyado por parte del poder económico y mediático.
La más incivil de todas las guerras significó cientos de miles de muertos, encarcelados, maltratados y exiliados para salvar su vida.
Hubo asesinatos y represión en ambos bandos. En la parte leal a la legalidad republicana, por parte de grupos incontrolados ante la pérdida de control del Estado por parte del Gobierno. En la parte golpista, por indicación e instrucción de las propias fuerzas que dieron el golpe para reprimir a los leales a la Constitución e instaurar un régimen de terror.
La guerra, que se prolongó durante casi tres años, no termino en la paz, sino en la victoria de los golpistas sobre los que consideraban la antiEspaña y finalmente en una tiránica dictadura encabezada por Franco.
Quiero recordar a todas las personas que sufrieron y murieron y, de forma especial, a dos políticos a los que he estudiado y admiro profundamente, de aquel período: el republicano Manuel Azaña, Presidente de la República que murió en 1940 en el exilio francés y al socialista Julián Besteiro, que se negó a salir de España y murió en la cárcel de Carmona, falleciendo en medio de abandono y sufrimiento en 1940. Ellos representan esa España que se mantuvo leal y sufrió en su corazón y alma el dolor de esta terrible guerra.
Desde 1936 hasta 1977, nunca más votaríamos en Libertad. Las heridas de esa guerra, de la represión y la persecución, siguen muy presentes. Aún hoy, miles de personas siguen enterradas en cunetas y fosas comunes sin tener un entierro digno y sin conocer sus familiares su paradero. Una herida abierta que la Democracia debe cerrar.
Recordamos para no olvidar, porque es la mejor vacuna para evitar que algo así se repita nunca más. Recordamos sin odio, pero sí con sed de justicia. Recordamos porque así defendemos, con todas nuestras fuerzas, la Libertad y la Democracia.