Porque si hay algo que he aprendido es esto: nunca sabemos cuándo será la última vez que haremos aquello que amamos. Y por eso hay que vivirlo todo con intensidad. Con corazón. Con gratitud.
Y eso me lo llevaré siempre conmigo.
Me despido del terreno de juego, pero no del fútbol.
Este deporte forma parte de quién soy, de cómo entiendo el mundo. Y, de una forma u otra, siempre caminará conmigo. Ahora desde otra posición, pero con la misma pasión.
Por el apoyo constante, por creer en mí incluso cuando yo dudaba.
Todo lo que he logrado en el fútbol, lo he logrado también gracias a vosotros.
Hoy cierro una etapa inmensa de mi vida. Lo hago con nostalgia, sí, pero también con paz. He vivido mi sueño. He sido futbolista.
Allí di mis primeros pasos en el mundo del fútbol, rodeado de personas que me acompañaron, me guiaron y creyeron en mí cuando más lo necesitaba.
Y a mi familia… ¿qué puedo decir? Gracias por estar en cada paso, en cada caída y en cada victoria.
También quiero agradecer profundamente al FC Barcelona, al Cornellà y al Sant Cugat, los clubes donde todo empezó. Gracias por confiar en aquel niño lleno de sueños, por enseñarme los valores del trabajo, la disciplina y la constancia.
Gracias, Lecce, por cada paseo tranquilo por el centro, por cada saludo por la calle, por cada rincón que ya forma parte de mí. Ha sido un privilegio vivir aquí. Lecce siempre tendrá un lugar muy especial en mi corazón.
Me he sentido muy feliz viviendo en esta ciudad, que me cautivó desde el primer día. Sus calles llenas de historia, su luz, su gente tan cercana y acogedora... Todo me ha hecho sentir como en casa.
Gracias a los entrenadores que confiaron en mí, por sus exigencias, sus palabras y todo lo que me han enseñado, dentro y fuera del campo. A los compañeros, al cuerpo técnico, a los trabajadores del club y a los tifosi: he sentido vuestro apoyo en cada paso.
Todo aquello que un día veía como habitual, hoy sé que era especial.
Y por eso, quiero dar las gracias.
Gracias al US Lecce y a su presidente por haberme abierto las puertas de un club maravilloso.
Recuerdo los vestuarios, los consejos de los más veteranos, las bromas, las conversaciones que solo suceden dentro de un equipo. Y recuerdo, sobre todo, los ojos de mi familia en la grada. Y ese gesto inolvidable de saludarlos después del partido.
Hubo días de cansancio, de errores, de enfadarme conmigo mismo. Pero también hubo risas, goles, abrazos, miradas cómplices con los compañeros tras un buen partido.
Recuerdo los días de partido como si fueran ayer: el tacto del césped mojado, los gritos de la grada, el sonido seco del balón al golpear la bota, los nervios antes del pitido inicial... Momentos que, ahora, siento muy dentro porque sé que no volverán.
Hoy es uno de los días más difíciles, pero también uno de los más significativos de mi vida, tanto a nivel personal como profesional. Después de meses de reflexión y momentos de incertidumbre, ha llegado el momento de comunicar que pongo punto final a mi etapa como futbolista.