Solemnidad de la Anunciación del Señor.
“Alégrate”, dijo el cielo en voz suave,
y el tiempo pareció inclinarse en calma;
un sí pequeño, firme como el alba,
abrió en la tierra la puerta más alta.
Y así, en lo sencillo de aquel instante,
lo eterno floreció en lo humano y frágil.