
El Domingo de Pascua y Resurrección es la fiesta más importante del cristianismo. Con la resurrección de Jesus, se materializó la victoria del Hijo de Dios sobre la muerte y el pecado y representa la esperanza y la promesa de la vida eterna. Con el Domingo de Resurrección concluye la Semana Mayor y comienza un Tiempo Pascual en el que recordamos el tiempo que Jesús permaneció con los apóstoles 40 días antes de subir a los cielos, durante la fiesta de la Ascensión. La resurrección de Jesucristo, probando su divinidad al vencer la muerte, marcó un camino de salvación al abrir la puerta del entendimiento humano sobre la vida eterna y el orden divino transcendental.
El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Pedro y el otro discípulo salieron y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo, y también el sudario que había cubierto su cabeza; este no estaba con las vendas, sino enrollado en un lugar aparte. Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó. Todavía no habían comprendido que, según la Escritura, él debía resucitar de entre los muertos.
Juan 20:1-9
«Es verdad: el Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.» Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. Mientras estaban hablando de todo esto, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: «Paz a ustedes.»Quedaron atónitos y asustados, pensando que veían algún espíritu,pero él les dijo: «¿Por qué se desconciertan? ¿Cómo se les ocurre pensar eso?Miren mis manos y mis pies: soy yo. Tóquenme y fíjense bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo.»Y dicho esto les mostró las manos y los pies.Y como no acababan de creerlo por su gran alegría y seguían maravillados, les dijo: «¿Tienen aquí algo que comer?» Ellos, entonces, le ofrecieron un pedazo de pescado asado y una porción de miel;lo tomó y lo comió delante ellos.Jesús les dijo: «Todo esto se lo había dicho cuando estaba todavía con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos referente a mí.»
Lucas 24:34-44

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