Ricardo Mendez Ruiz@RMendezRuiz
La manipulación de la justicia no es cosa nueva para Helen Mack y Edgar Gutiérrez.
Arrancó en 1990 con el caso del asesinato de Myrna Mack, y alcanzó niveles de perfección a partir de las investigaciones y el escabroso proceso por el asesinato de monseñor Juan José Gerardi en 1998.
Ambas muertes a causa de delincuencia común, cuyas investigaciones manipuladas por Mack y Gutiérrez las hicieron ver ante la opinión pública y la justicia como asesinatos políticos, sin importar que para ello se pasara sobre la reputación y las vidas de miembros del Ejército como los sargentos Noel de Jesús Beteta y Obdulio Villanueva, además del Coronel Byron Lima y su hijo, el Capitán Byron Lima Oliva.
En ambos casos, tanto Helen Mack como Edgar Gutiérrez manipularon fiscales y jueces para conseguir investigaciones y condenas que violaron todos los derechos procesales de los sindicados.
De los cuatro miembros del Ejército antes mencionados, solo el Coronel Lima logró salir con vida de la cárcel.
Helen Mack ha sido siempre más mediática que Edgar Gutiérrez, quien gusta más de operar desde las sombras.
Hace poco fue descubierta su responsabilidad directa en un medio de comunicación cuya especialidad es la calumnia y la difamación.
Mack ha gustado más de las cámaras, ante las cuales se mostraba sin empacho departiendo con fiscales, jueces y magistrados, sin importarle su papel como querellante.
Hoy, Gutiérrez juega un papel preponderante en el actual gobierno en el que ocupa un importante cargo diplomático. Dada su cercanía con Bernardo Arévalo, lo utilizó, en vano, para cobrar venganza contra la ex Fiscal General Consuelo Porras por la vergüenza pública al que ella lo sometió en julio de 2018, cuando la doctora Porras lo evidenció ante la prensa como un vulgar mentiroso.
El ridículo que enfrentó entonces Gutiérrez tal vez es superado únicamente por el fracaso de Arévalo en su intento por defenestrar a la ex Fiscal General.
Ahora, Helen Mack vuelve al ruedo público al colocar al abogado Guillermo Javalois como director de la Unidad de Asuntos Jurídicos e Información Pública de la Corte de Constitucionalidad, como su alfil al lado de la actual presidente del más alto tribunal del país, la doctora Anabella Morfín.
En muy poco tiempo, Morfín se ha destacado por una defensa oficiosa, y por demás ilegal, de quien la llevó a la corte, Bernardo Arévalo, omitiendo el obligado precepto de ingratitud que debe prevalecer en un cargo de esa naturaleza.
Los ojos de la población, ahora, no solo están puestos en la presidente Morfín, pero también en Javalois, un antiguo empleado de Helen Mack en su fundación, convertido hoy en su pieza clave dentro de Corte de Constitucionalidad.
El tráfico de influencias es ya descarado ahora, como lo fue siempre bajo la influencia de Mack y Gutiérrez.