
Ya murió ese perrito… y lo más triste es que murió en la calle, solo, sufriendo mientras tantas personas pasaban a su lado con indiferencia.
Hay escenas que realmente parten el alma y nos hacen perder la fe en la humanidad.
Los animales, en cambio, aman sin maldad, sin egoísmo y sin crueldad. Muchas veces terminan siendo seres muchísimo más nobles y compasivos que los propios humanos.
Ojalá algún día entendamos que la indiferencia también mata.
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