El encarcelamiento de Sirius Black no fue solo un malentendido, fue una combinación de traición y culpa que él mismo no intentó evitar, algo que la verdad no se entiende mucho y parece un agujero argumental en la historia.
Tras el final de los Potter, Peter Pettigrew finge su propio fin, acaba con varios muggles y deja pruebas para incriminar a Sirius. Todo apunta a él como el traidor, y el mundo mágico lo acepta sin cuestionarlo demasiado.
El “por qué” Sirius no se defendió es clave. En ese momento, él ya sabía que había cometido un error enorme: había convencido a James Potter de cambiar al Guardián del Secreto y confiar en Pettigrew. Cuando ocurre la tragedia, Sirius no solo pierde a sus amigos, sino que se siente directamente responsable. Para él, el verdadero culpable no era solo Pettigrew, sino él mismo por haber confiado en la persona equivocada.
Cuando lo arrestan, Sirius no intenta explicarse ni probar su inocencia. No porque no pudiera, sino porque mentalmente ya se consideraba culpable. Este detalle es importante: no se ve como una víctima, sino como alguien que falló en proteger a los Potter. Por eso acepta Azkaban sin resistencia, como si fuera un castigo que merece.
Las películas no profundizan en este aspecto, pero en los libros queda claro que Sirius Black no luchó por su libertad porque estaba consumido por la culpa. No era solo una injusticia externa, también era una condena interna. Esto cambia completamente su historia, porque muestra que su silencio no fue debilidad, sino una forma de asumir una responsabilidad que lo destruyó.