
Me hace acordar a aquella frase brutal de Borges sobre Gabriela Mistral: cuando decía que era “profesionalmente sudamericana” y que por eso había gustado en Suecia, porque encajaba perfecto en la idea que Europa esperaba de una escritora latinoamericana: sangre indígena, tono experimental, identidad exótica. Cumplía con el molde. Nada más. Con esto me pasa algo parecido: Es un producto diseñado para encajar en la estética prearmada que tienen de los latinoamericanos. Una verga








