Hicimos en equipo tantas notas y contenidos especiales que perdí la cuenta. Gracias a quienes leyeron y a quienes transitaron estos años cerca, fue un ciclo que elegí cerrar. Me llevo sólo cosas buenas, como esta foto de un gran momento en esa Redacción.
Hace poquito decidí irme de La Voz, medio en el que trabajé desde 2004, cuando entré como pasante de la sección Espectáculos en aquel diario tamaño sábana (sí, así de old). Allí pasé la mitad de mi vida laboral, con la dicha de sumergirme cada día en el caos de una Redacción.
@LucasAsmar@blupehmmartin Tuiter es más efectivo que la ouija! Te queremos Asmar, ayer nos vimos de pe a pa toda la filmografia de groenlandia. Abrazos al cielo ah
Se me cayó el teléfono en el inodoro del baño de un café. Qué curiosa la falta de prurito para adentrar la mano en las inmundicias ajenas en aras de salvaguardar esta ascéptica vida digital.
Ir a un concierto de cámara y que el viejo pelotudo al lado tuyo marque con el piecito el compás mal, a destiempo, ejecutando con su astrágalo descalcificado un baile patético, minúsculo, ignorante. Viejo pelotudo, quedate quieto, dejá escuchar.
@LucasAsmar Lucas no escribís ya sobre espectáculos? A mi esa clase de cosas me ayuda a sobrellevar delirios mesiánicos de Milei, Conan y los 500 perros, las fuerzas del cielo, etcétera.
Difícilmente exista otra película que conecte con tanta lucidez la dificultad contemporánea de habitar la adultez con la depresión como lo hace Arturo a los 30, de Martín Shanly. Su impronta generacional está a imagen y semejanza de aquel hito del 2008 que fue Los Paranoicos.