Gabriella Parada
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Gabriella Parada
@LycedG
Contando historias que despiertan mentes y mueven corazones. Comunicación con propósito🤳🏻
Katılım Şubat 2026
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Mi abuelo tenía una frase que yo no entendía de niño.
Decía: el tiempo no vuelve, pero tampoco se va del todo.
No entendía qué significaba.
Le preguntaba y se reía.
—Ya vas a entender —me decía.
Murió cuando yo tenía 22.
Sin que yo entendiera la frase.
Han pasado trece años.
Tengo 35 ahora.
Un hijo de 4. Una vida construida.
Hace unos días mi hijo me preguntó algo mientras desayunábamos.
—Papá, ¿el abuelo tuyo te enseñó cosas?
—Sí.
—¿Qué cosas?
—Muchas. ¿Por qué preguntas?
—Porque el abuelo mío me enseñó a amarrar los zapatos ayer y quería saber si es normal que los abuelos enseñen.
Me reí.
—Es muy normal —le dije.
Pero me quedé pensando en mi abuelo todo el día.
En sus manos. En su voz. En esa frase.
Esa noche acosté a mi hijo.
Me pedió que le contara algo de cuando yo era chico.
Le conté una historia de mi abuelo.
De cuando me llevaba a pescar y yo no quería ir.
De cuando me enseñó a perder sin hacer berrinche.
De cuando me dijo esa frase que no entendí.
—¿Y qué significa? —me preguntó mi hijo.
—Creo que significa que la gente que amamos no desaparece del todo.
—¿Por qué?
—Porque los seguimos contando.
Mi hijo se quedó dormido antes de que terminara.
Yo me quedé sentado en el borde de su cama un momento.
Y ahí, por fin, entendí la frase de mi abuelo.
El tiempo no vuelve.
Eso es verdad.
Pero tampoco se va del todo
porque los que se fueron
viven en las historias que contamos
y en las preguntas que hacen los niños
un martes en la noche
antes de quedarse dormidos.
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@VargasKevi23363 Los abuelos son una parte de nuestras vistas que nos enseña mucho Pero duele cuando se van
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Hace cuatro años guardé el número de una psicóloga que me recomendó una amiga.
No lo llamé ese día. Tampoco esa semana.
Lo guardé con la lógica de quien compra algo por si acaso y lo deja en el cajón sin abrir.
Durante cuatro años ese número estuvo en mi teléfono entre contactos que sí usaba, mirándome cada vez que buscaba otra cosa, recordándome que había un momento en que había admitido que quizás lo necesitaba.
Hace tres meses lo llamé.
No porque hubiera una crisis. Sino porque me cansé de cargar cosas que llevaban años pesando y que yo había aprendido a llamar por otros nombres para no tener que atenderlas.
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@FabianQuin20 Por cómo van las cosas Colombia si no se pone las pilas
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Escribí mi carta de renuncia hace seis meses.
No para entregarla. Solo para escribirla.
Llevaba dos años en un trabajo que en papel era bueno y por dentro se sentía como caminar con los zapatos del número equivocado. Nada roto, nada dramático. Solo un malestar constante y sordo que uno aprende a ignorar porque pagar las cuentas requiere cierta cantidad de ignorancia selectiva.
Escribí la carta un domingo en la noche y la guardé en una carpeta del computador sin decírsela a nadie.
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Vivo en un cuarto piso. El vecino del tercero empezó a dejarme notas bajo la puerta diciéndome que hacía demasiado ruido. Que mis pasos lo despertaban. Que mi música se escuchaba hasta su apartamento.
La primera nota la recibí un martes. Era un texto largo y bastante agresivo.
No le respondí por escrito.
Toqué su puerta ese mismo día, en un horario razonable, y le pregunté con calma a qué horas específicamente había sentido el ruido.
Me mencionó las once de la noche del sábado anterior.
Le expliqué que ese sábado yo había estado fuera de la ciudad y que mi apartamento había estado vacío.
Se quedó callado.
Le ofrecí que si volvía a sentir ruido me escribiera en el momento para yo verificar si estaba en casa o no.
Me escribió el siguiente viernes a las 10pm diciendo que el ruido había empezado de nuevo.
Le respondí con una foto de la pantalla de mi televisión apagada y mi apartamento en silencio.
El ruido venía del quinto piso.
Mi vecino del tercero subió él mismo a reclamarle al del quinto.
Nunca más me dejó una nota.
Pero tampoco me pidió disculpas por las anteriores.
¿Debí haberle pedido una disculpa formal por las notas o dejarlo así fue suficiente?
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Estaba esperando el semáforo en rojo una mañana cuando el carro de al lado pitó.
Bajé el vidrio pensando que había hecho algo mal.
Era una mujer de unos cincuenta años. Vidrio abajo también. Cara de no tener malas intenciones.
"Disculpe", me dijo. "¿Usted no es el hijo de Eduardo Restrepo?"
Me tomó un segundo.
"Sí."
Sonrió.
"Yo fui la profesora de su papá en quinto de primaria. Lo vi a usted y me acordé de él de inmediato. Son idénticos."
El semáforo seguía en rojo.
Le dije que mi papá había muerto hacía tres años.
Su cara cambió.
"Lo siento mucho. Era un niño muy bueno. Muy callado pero muy bueno."
El semáforo se puso verde.
Los dos nos quedamos quietos un segundo.
"Gracias por decirme eso", le dije.
Ella asintió. Arrancó despacio.
Yo arranqué también pero más lento de lo normal.
Seguí manejando con mi papá de nueve años en la cabeza. Callado y bueno en un salón de quinto de primaria. En una versión de él que yo nunca conocí y que sin embargo reconocí de inmediato.
Hay encuentros que duran un semáforo y se quedan para siempre.
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@VargasKevi23363 Pero son más lindos y que uno valora con más amor
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Es que se nota cuando alguien nos interesa
Nexo Supremo@VargasKevi70887
SEÑALES DE QUE ESTÁ ENAMORADA DE TI 1. Recuerda los detalles más pequeños
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