No es que ahora todo sea perfecto,
pero sí que siento que las cosas me van mejor. No porque haya cambiado el mundo, sino porque he cambiado yo la forma de mirar las cosas.
Ayer, con el apagón, todo se detuvo: la rutina, el ruido, la prisa. Sin pantallas ni luces, volvimos un poco al presente. Hablamos más, miramos el cielo, pensamos en silencio.
A veces, que se apague todo es la forma que tiene la vida de encendernos por dentro.
A veces damos lo mejor de nosotros a quienes no lo merecen, pero eso es lo que nos diferencia. Podemos estar rotos, sí, pero con la paz de saber que hicimos lo correcto y que, tarde o temprano, merecemos algo bonito.