
Mauro Suarez
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2/La DAIA era la entidad representativa de todas las comunidades judías, con estructura federativa, heterogénea y lenta. No podía ser muy diferente del resto de la sociedad civil: la Sociedad Rural, sectores del sindicalismo, la Iglesia y los partidos políticos también se plegaron o miraron para otro lado. Con el tiempo, entendieron que actuaban en un reino del terror, y es anacrónico exigirles una valentía que la gran mayoría de la sociedad argentina tampoco tuvo. La DAIA calló, se acomodó, buscó preservar la institución. Eso fue moralmente insuficiente —y la historiografía tiene razón en señalarlo. Pero no era una organización que pesara sobre nada importante que ocurriera en el país.

Exactamente esto que dice @yoel216. Por más que podemos poner en discusión el rol de la DAIA en la dictadura (y hoy) es un reflejo de época que más de uno haya decidido convertirlo en el centro de su conmemoración hoy. Ni la DAIA se cree tan importante. Si eso describe a tu referente político/a o analista/copypaster internacional predilecto, te invito a repensar las cosas.





“No sabemos cuán sucio está Adorni, si es que lo está, pero resulta deprimente ver otra vez cómo un gobierno no peronista es analizado con microscopio mientras los peronistas pueden romperle la nariz de un cabezazo a un diputado opositor frente a las cámaras y todo queda reducido a un simple hecho de violencia aislado” #GADEV seul.ar/el-pro-no-nos-…





Estamos tan mal que están hablando de Cherquis como si fuera David Foster Wallace. Paremos un poco.






La provincia de Buenos Aires confirmó que no adhiere a las modificaciones nacionales de la VTV, manteniendo su sistema actual sin cambios en plazos ni requisitos. La VTV sigue siendo obligatoria y se mantiene el esquema de revisiones anuales para vehículos de más de dos años.

Abrimos la licitación para concesionar la TV y las frecuencias de Radio de la Ciudad. El objetivo es simple: dejar de financiar su operación con impuestos y pasar a un modelo con gestión e inversión privada. La empresa adjudicataria operará la radio y el canal, desarrollará su programación y deberá pagar un canon a la Ciudad. No tiene sentido usar los recursos de los porteños para financiar lo que el sector privado puede hacer mejor y sin costarle un peso a los vecinos. El Estado tiene que enfocarse en sus verdaderas prioridades.





