
La diferencia se nota hasta en las formas. Rafael Correa, en su informe a la nación, salía orgulloso, firme, sonriente, con la tranquilidad de haberle entregado al país obras, hospitales, carreteras, escuelas y transformación. Daniel Noboa, en su #EngañoALaNación, se veía incómodo, molesto, agotado y opacado. Porque cuando un gobierno vive más de falsos relatos y propaganda que de resultados, el peso de la realidad termina notándose en el rostro.












































