@Chupeton_cito Jajajaja soy reservada dice y cuando si había festejos subía miles de historias y se llevaban hasta los globos, donde los amontonó junto con la piñata del año
La vida mejora cuando te da igual quedar como la mala o la loca. Nadie vuelve a traspasar tus límites y dejas de vivir pidiendo permiso y perdón. Eso es libertad.
Tuve una amiga a la que quería mucho, por diferentes actitudes de ella en la vida me alejé. Ayer vi algo que hizo que reafirmó mi decisión. De la gente de mierda hay que alejarse sin titubear.
En Argentina, una madre abandona a su hijo recién nacido. Se lo deja al padre, quien junto a su nueva pareja lo cuidan, lo mantienen escolarizado y con buena salud.
La madre biológica regresa luego de 4 años, denuncia al padre por violencia, solicita que le entreguen al niño y jueces, psicólogos y abogados deciden darle la custodia del nene, a pesar del abandono anterior y de las condiciones insalubres en las que vivía, las cuales no fueron incluidas en los informes.
Cada vez que el nene está con su papá y debe volver a su “nuevo hogar”, llora porque no quiere regresar. Su papá y su madre de crianza, desesperados y sin saber qué hacer, lo graban y muestran los videos a todas las autoridades, quienes lo califican de shoucero y exagerado.
Posteriormente, las docentes del niño se comunican con el padre y le dicen que el pequeño está en malas condiciones, golpeado y con bajo peso. Él va a la comisaría a denunciar la situación, pero resulta con una orden de alejamiento que le imponen las autoridades junto a la madre.
Prácticamente, la “justicia” argentina incomunica a padre e hijo, mientras el niño vivía un infierno no solo conviviendo con extraños que no conocía hasta ese momento, sino recibiendo maltratos y golpes que no dejaban huellas tan visibles, pero que ya empezaban a notarse.
Hace unos días, el nene, llamado Ángel Nicolás, murió. Su madre biológica y su padrastro lo mataron a golpes. El informe de la autopsia describe un cuadro de tortura y maltrato físico extremo que no se “notaba” porque los golpes fueron en su cabecita y su cerebro se inflamó tanto que se presionó contra la base del cráneo, deteniendo los centros que controlan la respiración y el corazón.
Ángel vivió en su carne y en su alma la violencia de la mujer que lo trajo al mundo, pero además la de un sistema de justicia que está corrompido por el feminismo y los traumas de quienes satanizan y generalizan la figura masculina, creyendo y confiando en que todas las mujeres, solo por ser mujeres, son buenas. Y no, no lo son.
Este movimiento odia tanto a los hombres que ahora se los quitan a los padres responsables para entregárselos a las madres violentas y que sean ellas mismas quienes los asesinen.
Irónicamente, el padre de Ángel y su pareja recibieron, después de su muerte, su guarda y custodia. Ahora sí, cuando ya no hay a quien cuidar ni a quien custodiar.