
La barra de chocolate Snickers vendió $376 millones más (un crecimiento del 15.9%) en sólo 1 año cambiando 1 sola cosa.
No cambiaron la receta. No cambiaron el precio. No cambiaron el empaque.
Snickers llevaba años creciendo por debajo de su categoría.
Pero después de ese cambio las ventas subieron como la espuma y ganaron cuota de mercado en 56 de 58 países donde lo aplicaron.
Te explico qué cambiaron y cómo aplicarlo en tu negocio o empresa:
Snickers vendía una barra de chocolate con maní, caramelo y nougat.
El mismo producto que llevaban décadas vendiendo.
Pero el mercado estaba saturado.
Cientos de barras de chocolate competían por el mismo cliente.
¿Cómo destacas cuando tu producto es igual al de la competencia?
La respuesta no estaba en el producto.
La respuesta estaba en este entendimiento del mercado:
Snickers dejó de vender chocolate.
Empezó a vender la solución a un momento específico.
Un momento con el que todos se pueden identificar.
Cuando el hambre te transforma.
Cuando te pones irritable, distraído, ineficaz, fuera de ti.
Ese momento universal en el que ya no eres tú mismo.
Snickers dejó de competir contra Hershey's, Mars, Kit Kat o M&M's.
Empezó a competir contra el hambre.
El cambio fue sólo en cómo se comunicaba el producto al cliente.
Antes: "Snickers es delicioso. Cómpralo".
Después: "Cuando tienes hambre no eres tú. Snickers te hace volver a ser tú mismo".
La barra no cambió. La percepción del cliente sí.
Antes, el cliente compraba chocolate.
Ahora compraba la solución para volver a ser él mismo en un momento específico de su día.
Y ese momento le pasaba varias veces al día.
La lección:
La mayoría de los negocios venden el producto que fabrican.
Pero el cliente no compra el producto en sí mismo.
Compra una solución a un momento específico de su vida.
A un dolor.
A una situación incómoda.
A una necesidad puntual.
Cuando vendes el producto compites contra todos los productos similares.
Cuando vendes la solución a un momento específico, dejas de tener competencia.
Cómo aplicar esta estrategia:
1) Identifica cuál es el momento específico, dolor o situación en la que tu cliente busca tu producto o servicio. No qué hace tu producto. En qué momento de su vida lo necesita.
2) Construye tu mensaje alrededor de ese momento, no del producto. El producto es la respuesta. El momento es la pregunta.
3) Comunica esa relación constantemente. En tu publicidad, en tu sitio web, en tus redes, en cada interacción con el cliente.
Y lo más importante:
Tu producto no tiene que cambiar para que tu negocio cambie.
Lo que cambia es lo que el cliente compra en su mente antes de pagar.
Cuando el cliente piensa "necesito X porque me pasa Y," automáticamente piensa en tu marca antes que en la competencia.
Esa es la diferencia entre vender una barra de chocolate y vender la solución al hambre.
Entre vender una cama y vender un buen descanso.
Entre vender una asesoría y vender claridad para crecer de forma rentable y sin caos.
Si tu negocio vende un producto o servicio que es común y sientes que estás compitiendo sin poderte diferenciar, mándame un DM y conversamos sobre cómo conectar tu oferta con un momento específico del cliente.
¿Conoces alguna otra marca o empresa que haya cambiado lo que le vende a la mente del cliente sin cambiar el producto?
Cuéntame en los comentarios, me ayuda a investigar y analizar más casos así.
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