Nati Scarcella

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@NatiScarcella

Escuchadora de anécdotas.

Katılım Mart 2019
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Nati Scarcella
Nati Scarcella@NatiScarcella·
Lo habitual
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Nati Scarcella
Nati Scarcella@NatiScarcella·
@ProfeDeMilei @papaulicha @vivian_arrojo Pensar q mi hijo mayor aprendió a leerla a los 6 xq la prof de inglés la usaba.. poco después la escribía, se la enseñamos c su maestra. Con el menor las maestras m recalcaron MUCHO "no es obligatoria", hoy la escribe
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Vivian Arrojo
Vivian Arrojo@vivian_arrojo·
La MITAD de un 4to grado SIN ALFABETIZAR! NECESITO MAYÚSCULAS MÁS GRANDES
Sil@Sil92116964

@vivian_arrojo Estoy así! Un 4to grado, con la mitad de chicos sin alfabetizar 🤦🏻‍♀️

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Nati Scarcella
Nati Scarcella@NatiScarcella·
@ProfeDeMilei @vivian_arrojo Decidí enseñar cursiva a mi hijo menor a los 9 aprox. Se negaba a usarla en la escuela hasta el año pasado q logró escribir más rápido. Como siempre presta los deberes los compañeros se acostumbraron a leerla, están en 6to
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Profe
Profe@ProfeDeMilei·
@vivian_arrojo Tengo una alumna de secundaria que me mostraba contenta como hace la cursiva. No puedo escribir cursiva porque la mitad del curso no la entiende.
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Nati Scarcella
Nati Scarcella@NatiScarcella·
@yosiome Paaa! Que bien te casaste, eh (me salió lo señora 😂)
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Mª José Mas Salguero
Mª José Mas Salguero@MasTwitts·
«El talento verdadero se muestra en la habilidad de manejar incertidumbre y resolver problemas complejos» —Santiago Ramón y Cajal
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Rafael Osorio | Media Buyer
Rafael Osorio | Media Buyer@rafaosoriomalca·
Esto no estaba planeado. Todo iba normal hasta que aparece Tom Jones. Y en segundos todo cambia. No es solo la voz. Es la presencia. Y cuando entra el piano ya no hay vuelta atrás...
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Nati Scarcella
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@jmmencia Fácil se explica en The Big Bang Theory, mamá de Leonard
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José Mencía
José Mencía@jmmencia·
Llevo 15 años trabajando con familias de altas capacidades y el error más común no es educativo, es emocional.
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Laruchka ⭐️⭐️⭐️
Voy a pedirle a la RAE que oficialice dos verbos hermosos que mis hijos usaron toda su infancia, convencidos de que existían, y yo moría de ternura: "Mantar", por arropar con mantas. Usos: "Me gusta estar mantadito"; "Mantame" "Fiacar", por hacer fiaca. Uso: "Estoy fiacando".
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Nati Scarcella
Nati Scarcella@NatiScarcella·
Pudo haberlo dicho Borges, para mí era al revés💔
daniel molina@rayovirtual

El hombre que nos enseñó a tener frío. (Horacio Quiroga por Juan Forn) Horacio Quiroga adoraba a Martínez Estrada como a un hermano menor y le regaló una hectárea de su propia tierra en Misiones, para tentarlo de que fuera su vecino. La desmontó él mismo a machete limpio, le mandó por correo el título de propiedad y los planos de la casita de madera que podía construirle con sus manos. Hasta los muebles le ofrecía hacer (y eran famosamente cómodos los muebles que hacía Quiroga, con ayuda del mensú devenido carpintero Jacinto Escalera). Martínez Estrada tenía un trabajo de cuarta en el Correo Central y detestaba el ambiente literario de Buenos Aires, pero no se decidía a partir a Misiones, así que Quiroga apeló a un último recurso para convencer a su melómano amigo: le mandó un violín hecho en madera de timbó. “Era tan chato de pecho y espalda como el propio Quiroga, tenía un clavijero prehistórico, las efes labradas torpemente a gubia y emitía un sonido de gato en celo, mitad hipnótico y mitad horripilante.” Martínez Estrada entendió con el corazón estremecido que así sería la vida como vecino de Quiroga en Misiones, pero se libró de escribir esa carta cruel porque su amigo apareció por Buenos Aires. Venía a hacerse ver por los médicos una molestia que no lo abandonaba. Era un cáncer terminal, pero no se animaban a decírselo. Lo tenían de residente en el Hospital de Clínicas con permiso ambulatorio, mientras le hacían creer que lo sometían a estudios y lo preparaban para una operación. Un día vagando por el sótano del hospital encontró un paciente llamado Batistessa. Lo tenían ahí escondido por su aspecto físico, causado por una neurofibromatosis conocida como elefantiasis. Quiroga exigió que Batistessa fuera sacado del sótano y trasladado a su habitación, y en las horas muertas le contaba historias de la selva. Un día Batistessa oyó hablar a los médicos y fue a decirle a Quiroga que la operación proyectada era una simple y dolorosa postergación de la muerte. Quiroga avisó que salía a caminar, fue a una ferretería a comprar cianuro, regresó al hospital, mezcló el polvo en un vaso con whisky y se lo tomó. “Se mató como una sirvienta”, dijo Lugones, que un año después se suicidaría de igual forma en el Tigre. “No se vive en la selva impunemente”, escribió Alfonsina Storni en un poema que le dedicó antes de suicidarse ella también, en los acantilados de Mar del Plata. Ni Lugones, que había sido su maestro y protector, ni Alfonsina, que había sido su amante, acompañaron las cenizas del difunto al Uruguay. Borges, en cambio, que había dicho que Quiroga era “una superstición uruguaya, que escribía mal lo que Kipling escribió bien”, sí fue de la comitiva. Eran fechas de Carnaval y contó que el corso se interrumpía al paso del cortejo y que los niños pedían tocar la urna de madera de algarrobo en donde el escultor ruso Stepan Erzia había tallado la cara del difunto. A veces los opuestos coinciden: a Arlt le pasó algo parecido con Quiroga; él también lo había escarnecido; en una aguafuerte sobre la fundación de la SADE, creada para defender los derechos de los escritores, escribió: “La idea debe ser de Quiroga, hombre que gasta barba sefaradí y una catadura de falsificador de moneda que espanta”. Pero cuenta Onetti que, el día en que murió Quiroga, Arlt estaba sentado al fondo de una larga mesa, ignorando con fiereza los comentarios sobre el muerto, hasta que llegó su amigo Kostia y contó que tres días antes se había cruzado con Quiroga por la calle. Iba vestido como un clochard, la barba le devoraba más de la mitad de la cara, venía siguiendo desde el Parque Japonés a la última mujer que siguió por la calle, una beldad que cortaba la respiración. Era la famosa viuda de Gómez Carrillo, que por entonces noviaba con Saint-Exupéry. Kostia se lo estaba diciendo cuando el francés salió del Hotel Plaza al encuentro de su dama y la abrazó. Quiroga, contemplando la escena, murmuró: “Me hubiera gustado ser aviador”, y se fue, envuelto en su sobretodo con el pijama abajo en pleno enero, rumbo a su cama en el Hospital de Clínicas. Desde el fondo de la mesa, detrás del humo de su cigarrillo, se oyó la voz de Arlt: “He cambiado mi opinión de Quiroga”. No podía ser de otra manera. Quiroga había dicho: “Soy el primer infectado por Dostoievski en América del Sur”. Arlt fue el siguiente. Como Arlt, Quiroga carecía de lo que algunos llaman tacto, otros hipocresía y otros relaciones públicas. A los veinte años partió de Montevideo a París vestido como un dandy, en camarote propio. Volvió tres meses después, en tercera clase, con los pantalones raídos y las solapas levantadas para que no se viera que no tenía cuello en la camisa. “¿Por qué escriben como españoles si son argentinos?”, le dijo en la cara a Larreta cuando llegó a Buenos Aires. “No soporto los gauchos de Carnaval”, le dijo a Lugones. Escandalizó a Manuel Gálvez con su Historia de un amor turbio, basada en su relación con Ana María Cires, la muchacha que se llevó a vivir a Misiones y le dio dos hijos y después se suicidó de manera atroz. A esos hijos los crió en el amor a la selva, dejándolos dormir solos arriba de un árbol o sentarse durante horas al borde de un precipicio, para horror de su madre. Cuando ella murió, volvió con esos hijos a Buenos Aires, vivió primero en un sótano de la calle Canning y después en un caserón en Vicente López, donde tenía un coatí llamado Tutankamón, un búho llamado Pitágoras y el yacaré Cleopatra, además de una enorme canoa aerodinámica que calafateaba infinitamente y que no parecía una embarcación, sino una criatura de las aguas. Lo acusaban de escribir para asustar a la gente, de traer la selva a la ciudad, de arrimar la barbarie a la civilización. Cuando publicó su famoso decálogo del perfecto cuentista, Nalé Roxlo dijo que parecía el manual del maestro ciruela escrito por el Viejo Vizcacha. “Es un anarcoindividualista que se conforma con su propia libertad. No le importa que todos los hombres sean libres”, dijo Alvaro Yunque cuando lo invitó a la URSS y Quiroga le contestó que prefería volverse a la selva. Y eso hizo, con una segunda esposa treinta años más joven que él, que prefirió abandonarlo antes de enloquecer. Tampoco en la selva lo entendían: se burlaban del hermoso laberinto de bambúes que había hecho para su segunda esposa, con un jardín de orquídeas en el medio. Las cuadrillas que pasaban y lo veían deslomándose al sol le gritaban: “¿No tiene personal, patrón? ¡No le robe trabajo a los peones!”. Supo adorar por igual a Tolstoi y a Dostoievski, a Jack London y a Thoreau, a Maupassant y a Baudelaire (“ebanistas capaces de sacar de un solo golpe de garlopa trece rizos de viruta”). Hablaba como si siempre tuviera fiebre y padeció frío hasta en la selva misionera. En la última carta a sus hijos les dijo: “Busco lo que casi nunca se encuentra. Soy capaz de romper un corazón por ver lo que tiene adentro, a trueque de matarme yo mismo sobre los restos de ese corazón”. Martínez Estrada escribió después de su muerte: “Con él aprendimos a contar en serio”, y si miramos la literatura desde acá, no hay manera de no estar de acuerdo.

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Nati Scarcella
Nati Scarcella@NatiScarcella·
@freak_teacher Claro, eso era a los 14, gastaban al q sabía, se bardeaban mutuamente y se cagaban de risa
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Nati Scarcella
Nati Scarcella@NatiScarcella·
@DeloElmo Se habló hoy en casa: llegan a hacer algo de esto y van a recibir patadas en el cul0 hasta que me esposen los tobillos. Espero que hayan entendido
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Elmo Delo
Elmo Delo@DeloElmo·
En nuestra época, si te hacías el vivo en el colegio con alguna amenaza, llegabas a tu casa y te cagaban a palos. Era muy simple todo.
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Freaky Teacher
Freaky Teacher@freak_teacher·
Pasamos de los Therian a las frutas infieles
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Nati Scarcella
Nati Scarcella@NatiScarcella·
@conejaja81 Eso desconozco, creo que pasa más por responsabilidad profesional. Habilitados quedan al tramitar matrícula que, como en todas las profesiones, puede suspenderse si cometen faltas éticas
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cone cronopio
cone cronopio@conejaja81·
@NatiScarcella Debe ser controlado estrictamente por el colegio de psicologos que los habilita, escucho cada cosa de las terapias por parte de pacientes que no son para nada razonables. Igualmente quién controla a quienes los habilitan? Todo mal.
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cone cronopio
cone cronopio@conejaja81·
Quién se encarga de la psiquis de los psicólogos? Hay muchos que no están nada bien y ejercen...
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Flor
Flor@flor_y_punto·
@lagarzasosa_ Lo mismo cuando decís que no tomas alcohol jaja
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Puchi
Puchi@lagarzasosa_·
En cualquier diálogo: - No puedo comer harinas, tengo una dieta moderada en carbohidratos NADA? NI UNA MEDIALUNA? YO ME MUERO - estoy estudiando, haciendo el cbc. NOOO YO ME BATO SI TUVIERA QUE VOLVER A EMPEZAR jjajajaajaa dense el privilegio de pensar antes de hablar 🙏
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