
En el congreso hay energúmenos que han gritado gora ETA. Se insulta y se silba el himno nacional y la bandera en numerosos estadios, todavía hoy. Y todos callados. Hoy, esos mismos, se rasgan las vestiduras por un cántico que ni siquiera es un insulto, solo una manifestación de identidad. Y de eso hacen un problema de Estado. Pretenden que los españoles aguanten en silencio obediente la invasión islamista y el gobierno mafioso. Que se olviden. Nos van a oír.


























