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¿España va mal y la culpa es nuestra?
"España va mal porque los españoles somos así". Que la clase política es nefasta porque el pueblo es así. Que Pedro Sánchez no es una anomalía, sino "el espejo en el que nos miramos". Suena bien y hasta realista pero es falso.
España no ha sufrido una maldición ni tampoco existen las casualidades. España es una estructura política compleja, nacida de una Transición que resolvió el pasado sin preparar el futuro. El problema no son los ciudadanos. El problema es cómo se organizó el poder y cómo se ha blindado desde entonces para protegerse a sí mismo.
- La ley electoral española sigue beneficiando a los partidos más votados en las provincias menos pobladas, lo que permite a formaciones con pocos votos nacionales, como ERC, PNV o Bildu, condicionar gobiernos enteros. En las elecciones generales de 2023, Junts obtuvo 393.000 votos y 7 escaños. Sumar, con más de un millón, sacó solo 31. La ley no premia al ciudadano, premia a según qué territorio y a los pactos.
- El Senado, que debería ser una cámara territorial para contrapesar el Congreso, es un cementerio de elefantes sin poder real. Se han hecho más de 2.000 promesas de reforma del Senado desde 1978. Ninguna se ha cumplido.
- El sistema de partidos impide al ciudadano elegir representantes concretos. Votamos listas cerradas, elaboradas a dedo por los aparatos de partido. ¿Resultado? Un Congreso lleno de obedientes y de profesionales del escaño, no de representantes del pueblo.
- La corrupción no es una excepción, es una función sistémica. En los últimos 20 años, España ha tenido más de 1.800 casos judiciales por corrupción política, con más de 7.000 implicados. Ni PP ni PSOE han quedado al margen. Y los partidos nuevos, salvo raras excepciones, han copiado las viejas costumbres con rapidez.
- El paro estructural español no ha bajado del 10% en cuatro décadas. La media de desempleo en la UE es del 6%. Aquí, casi tres millones de personas siguen sin trabajo. De ellas, el 27% son menores de 25 años. Y sin embargo, en lugar de una política industrial o tecnológica seria, se siguen repartiendo subvenciones y eslóganes.
- La presión fiscal sobre las rentas medias es altísima, pero las grandes fortunas y los lobbies con acceso institucional siguen esquivando el esfuerzo que sí hacen los ciudadanos.
Todo esto no lo deciden las personas a pie de calle. No lo vota nadie en referéndum. Es fruto de una arquitectura del poder construida para impedir cambios reales. Y sin embargo, cada vez que todo se desmorona, se le echa la culpa al pueblo español.
Pero ¿qué margen tiene el pueblo? ¿Puede elegir a sus jueces? No. ¿Puede presentar una ley sin que un partido la apadrine? No. ¿Puede cambiar la Constitución? Tampoco.
Y sin embargo, nos dicen que tenemos lo que nos merecemos.
No. Tenemos lo que nos han dejado tener. Y cuando alguien intenta cambiar las reglas del juego, de verdad, se le tacha de populista, de facha, de rojo o de salvapatrias, según convenga.
Pedro Sánchez no es lo que somos. Es lo que el sistema permite que exista. Es el producto lógico de un modelo donde se puede gobernar con 121 diputados, pactando con fuerzas que no creen en España, a cambio de impunidad, privilegios y cesiones inadmisibles. Todo legal y todo constitucional.
La culpa no es de todos nosotros. La responsabilidad está en quienes han gobernado, pactado, reformado, o no han reformado, durante décadas. Y sobre todo, en quienes han blindado un modelo que expulsa al ciudadano de la política y lo convierte en consumidor de relatos prefabricados.
España puede ser un gran país. Lo tiene todo para serlo. Pero no con esta estructura política, ni con esta impunidad institucional. No mientras el poder siga siendo patrimonio de cúpulas partidistas, de medios comprados y de lobbies que no se presentan a las elecciones.
Lo que necesitamos no es más autoflagelación. Es entender cómo funciona el poder en este país. Solo así se puede empezar a cambiarlo desde dentro.
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