Roberto Prince
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Roberto Prince
@PrinceGR18
Economista. Fiscalidad, imperios y decadencia. La tecnología no elimina feudos: los reinventa 📉 Matemáticas antes que ideología.









La portada del @TheEconomist de esta semana lo dice todo: Trump borroso en primer plano, Xi Jinping nítido al fondo, sonriendo. El título: “Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error.” China no disparó un solo misil. No necesitó hacerlo. Mientras Trump quema 850 Tomahawks, destroza su credibilidad con la OTAN y manda marines a una isla que no sabe cómo sostener, Beijing toma notas, firma contratos y espera la cumbre de mayo para negociar con un Trump debilitado. Lo que nadie está diciendo en voz alta es que esta guerra no la ganó ni EUA ni Irán, la está ganando Xi Jinping sin moverse de su silla. China controla el 70% de los paneles solares, baterías y vehículos eléctricos del mundo. Con el petróleo a 119 dólares el barril, todo ese inventario se vuelve oro. Los países del Golfo van a reconstruir con contratos chinos. Los europeos que querían frenar la avalancha de importaciones de Beijing ahora tienen otras prioridades. Y Trump, desesperado por cerrar un trato que no puede cerrar, va a llegar a esa cumbre con Xi en una posición que él mismo describió en su propio libro como la peor posible: oliendo a necesidad. El Economist lo plantea con una brutalidad elegante: el Trump de 2026 está ignorando los consejos del Trump de 1987. Su libro decía que lo peor en una negociación es parecer desesperado. Pues bien, Irán ya olió la sangre. La aprobación de Trump está en -20%. El 62% de los americanos rechaza una guerra terrestre. Y mientras Washington se enreda solo, China observa, planea y avanza. No es que China esté ganando la guerra. Es que está ganando el siglo — y lo está haciendo mientras su rival se destruye solo.

