
Ramiro Pava
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Hoy, a las 10 am, solicitamos la libertad por vencimiento de términos para el profesor Ricardo Bonilla, a quien después de cuatro meses no le resuelven la apelación. Al tener conocimiento de que, del 1 de diciembre, fecha de la imputacion, a la fecha, han transcurrido más de 120 días, la @FiscaliaCol procedió a radicar la acusación vencida, informando a la magistrada que la causal se ha subsanado y que se debe mantener la privación de la libertad del profesor Ricardo Bonilla. ¿Cuál es la estrategia de la Fiscalía General de la Nación en este asunto?



Aquí hay un interesante análisis psicológico del tipo de contenidos de esta frases. Yo conocí a Manuel Cepeda y durante su vida fue un periodista que llegó a ser senador de la UP y fué asesinado por militares. Aquí les presentó un análisis muy científico de tipo psicoanálisis a las palabras del expresidente Uribe COLOMBIA: EL PACIENTE QUE REZA POR UN PATRÓN* Por: Isabel Borrero Ramírez Psicóloga Clínica, Especialista en Psicología Social, Especialista en Comunicación No Verbal *1. Colombia no está polarizada: está clínicamente disociada.* No asistimos a un debate ideológico, sino a un cuadro psicótico sin tratamiento donde el delirio de unos es la soga de los otros. La visita de Cepeda al Parque de San Antonio el 28 de marzo fue el detonante. Su discurso se centró en una idea que para el uribismo es una herida narcisista: Medellín y Antioquia cambiaron para siempre y no volverán al pasado. La reacción de la derecha fue inmediata. El alcalde de Medellín y el gobernador de Antioquia lo acusaron de insultar a los antioqueños al tildar a la región de ser la cuna de la narcoeconomía y el terrorismo de Estado. Esta indignación no es ética, es estética. Es una formación reactiva: necesitan sobreactuar una pureza regional para tapar el hedor de las fosas comunes que el discurso de Cepeda ayuda a destapar. No les duele el crimen, les horroriza que se les corra el maquillaje moral. Es el TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) de una élite que se lava las manos compulsivamente mientras el agua sale roja. Curiosamente, un juez ya negó una tutela que buscaba callar a Cepeda, protegiendo su derecho a la opinión. Para el rigor clínico, la derecha está intentando judicializar el discurso político porque no tolera la disonancia cognitiva de ver a la izquierda llenando plazas en su feudo. En la psiquiatría clásica existe un fenómeno fascinante llamado folie à deux, locura compartida. Sin embargo, en la política criolla hemos evolucionado hacia una psicosis colectiva institucionalizada. Este no es un hecho aislado, es un patrón de repetición neurótica. En ese marco, las declaraciones en X de Álvaro Uribe no constituyen un debate político; son la transcripción de una sesión donde el terapeuta ha sido expulsado y el paciente administra el hospital. *2. El paciente de El Ubérrimo: la proyección como escudo.* Analicemos el discurso de Uribe. Su sintomatología es de manual: proyección paranoide. Al llamar a Cepeda bandido camuflado, el expresidente utiliza un mecanismo de defensa primario: atribuye al otro los rasgos que su propio superyó no puede procesar. Es la externalización de la culpa en su estado más puro. Uribe apela a la transferencia masiva. No le habla a ciudadanos, le habla a una feligresía que necesita un padre de la patria perpetuamente amenazado. Es un vínculo de apego desorganizado: la base electoral sufre una ansiedad de separación traumática. Sin el patrón, el mundo pierde sentido. Al mencionar los atentados contra su vida, activa el sistema límbico de su base electoral, sustituyendo el debate de ideas por la angustia de castración política. Si el padre cae, el hijo queda a la intemperie. Es el liderazgo convertido en fetiche de seguridad para adultos que se niegan a crecer. *3. Cepeda: el archivero del trauma y el retorno de lo reprimido.* Frente a la verborrea del adjetivo y el brote impulsivo, Cepeda juega el rol del analista que no necesita gritar porque tiene el expediente. Si Uribe es el incendio, Cepeda es el perito forestal que encuentra el fósforo. Su respuesta no es un insulto, es una lista de apellidos que funcionan como significantes del trauma nacional. Mientras el expresidente se refugia en la emoción primaria de la traición, Cepeda se ancla en el sustantivo judicial. Es la metodicidad del síntoma que vuelve: aquello que el uribismo intentó sepultar bajo toneladas de retórica de seguridad regresa siempre en forma de folio numerado.



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“Que el señor Cepeda deje la cobardía. Quien quiera ser presidente tiene que ir a debates”, dijo el expresidente Iván Duque durante el lanzamiento del primer libro de su Fundación I+D. semana.com








