Esckla (cuenta nueva)@esckla
— Cobrix, yo te puedo decir 25 emperadores romanos
— mmmm puerrito yo te puedo decir 50
— eeee yo te puedo decir 79
— mmmm puerro te agarré, MENTIROSO
— a ver primero es imposible olvidarse de Augusto, el astuto fundador del imperio entero; Tiberio, el paranoico que se escondió en Capri; Calígula, el loco que hizo cónsul a su caballo; Claudio, que se hacía el boludo pero era un bocho; Nerón, el pirómano infame que tocaba la lirita; Galba, el viejo avaro de la época de crisis; Otón, el de las pelucas raras que se suicidó; Vitelio, el glotón insaciable de los banquetes; Vespasiano, el que puso impuestos a las letrinas; Tito, el que inauguró el Coliseo con alta joda; Domiciano, el tirano cruel que pinchaba moscas; Nerva, el senador anciano de pura transición; Trajano, el hispano que llevó a Roma a la cima; Adriano, el arquitecto del gran muro norteño; Antonino Pío, el más pacífico y aburrido rey; Marco Aurelio, el emperador filósofo estoico; Lucio Vero, el fiestero inútil del co-gobierno; Cómodo, el egocéntrico que jugaba a gladiador; Pértinax, que duró apenas unos tres mesecitos; Didio Juliano, que compró Roma en una subasta; Pescenio Níger, el rebelde sirio que fue boleta; Clodio Albino, el gobernador que también perdió; Septimio Severo, el rudo militar del norte loco; Caracalla, el sádico de las termas gigantescas; Geta, el hermano menor asesinado por su culpa; Macrino, el primer monarca de origen humilde; Diadumeniano, el nene que no llegó a hacer nada; Heliogábalo, el pibe del culto solar exótico; Alejandro Severo, dominado por su madre Mamea; Maximino el Tracio, el gigante que ni pisó Roma; Gordiano I, el anciano empujado a la rebelión; Gordiano II, el hijo que palmó en su debutazo; Pupieno, el senador amargado que nadie fumaba; Balbino, el compañero que tampoco querían ver; Gordiano III, el adolescente de carne de cañón; Filipo el Árabe, el de la fiesta del milenio; Filipo II, el hijo que no disfrutó de la joda; Decio, el primero en morir peleando en la zona; Herenio Etrusco, caído en batalla con su papi; Hostiliano, muerto por una peste fulminante; Treboniano Galo, el de pactos deshonrosos hoy; Volusiano, su coemperador que nadie registraba; Emiliano, que duró menos que pedo en canasta; Valeriano, banquito humano de los reyes persas; Galieno, un sabio en medio del peor quilombo; Salonino, el pibito limpiado por el gran Póstumo; Póstumo, el que armó el Imperio Galo paralelo; Léliano, usurpador fugaz de poquísimos días; Mario, el herrero emperador por solo tres días; Victorino, asesinado por un marido celosísimo; Tétrico I, que se rindió para vivir re tranqui; Claudio II el Gótico, un azote de los bárbaros; Quintilo, que gobernó días y no se sabe de él; Aureliano, el gran restitutor del mundo entero; Tácito, el ancianito rico puesto por descarte; Floriano, el hermano apresurado que perdió feo; Probo, el estricto que mandó a plantar viñedos; Caro, el que tuvo la mala suerte del rayo letal; Numeriano, poeta hallado sin vida en la litera; Carino, el fiestero derrotado antes del final; Diocleciano, el jefe que se fue a podar coles; Maximiano; Constancio Cloro, el pálido padre de un grande; Galerio, cruel perseguidor muerto de gangrenas; Severo II, un colega que no logró retener nada; Majencio, el ahogado por armar mal los puentes; Maximino Daya, pagano loco perdido en el campo; Licinio, el aliado que terminó atado a la soga; Valerio Valente, el rey absoluto del fracaso; Martiniano, burócrata usado como chivo rápido; Constantino el Grande, el fundador de su sede; Constantino II, el hijo envidioso y muy celoso; Constancio II, paranoico que mató a su familia; Constante, el menor masacrado en plenos bosques; y te voy a tirar un FORMIDABLE cobrita: Rómulo Augústulo, el nenito de catorce años que fue literalmente el número cien en esta demencial y larguísima lista tuya, al que Odoacro mandó a jubilarse con una pensión en Nápoles cerrando para siempre el telón de Occidente
—dah boludo como te las sabias